REPINDEX
Abastecimiento de agua y saneamiento en desastres No. 67
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Consumo
Diario de Agua |
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| Durante la evaluación | 6 litros |
| Albergues y campamentos | 40-60 litros |
| Hospitales de campaña | 15-20 litros |
| Centros de alimentación | 20-30 litros |
Fuente: OPS/OMS
Estas cantidades varían de acuerdo con la cultura de cada país y el tipo de desastre.
En las zonas urbanas debe reiniciarse inmediatamente el proceso de cloración y su respectivo control diario. Se debe reparar las instalaciones de cloración dañadas y limpiar y desinfectar las tuberías principales, los reservorios y las plantas de tratamiento.
Es importante identificar los lugares en los cuales exista contaminación del agua, especialmente los reservorios temporales y los envases de uso doméstico, pudiendo evitarse su consumo mediante el uso de desinfectantes y la ubicación de nuevas fuentes.
Debe evitarse la distribución masiva de desinfectantes en tabletas, polvo y líquidos, salvo cuando es posible instruir sobre su uso en campañas de información o cuando existan promotores de salud que refuercen el debido uso del desinfectante. Además, se deben distribuir envases para almacenar agua, y verificarse la necesidad de suministrar desinfectante adicional durante la fase de emergencia y la primera fase de rehabilitación.
Deben reiniciarse a la brevedad posible los exámenes bacteriológicos del agua. Si no se cuenta locamente con el equipo básico, se debe incluir en la lista de suministros que se solicitan a los países que prestan ayuda durante la emergencia. Si se identifican bacterias en el agua, se debe aumentar la cantidad de cloro residual y la presión en el sistema de distribución.
En los albergues se debe poner mayor énfasis al abastecimiento oportuno, almacenamiento ade- cuado y vigilancia cotidiana del agua segura, a fin de evitar el riesgo de enfermedades.

Figura
2. La limitación de acceso a los servicios públicos de agua y saneamiento
afecta
principalmente a los niños quienes sufren de enfermedades.
Inmediatamente después de los desastres naturales, el sistema de eliminación de excretas y alcantarillado suele ser defectuoso. Si no se adoptan medidas adecuadas, pueden presentarse:
El siguiente cuadro presenta los servicios sanitarios mínimos recomendables durante la fase de emergencia.
Servicio Sanitario Mínimo |
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| Letrina | 5-6 asientos (100 personas) |
| Lavatorios | 1 (10 personas) |
| Banco-lavatorio | 2 de 3 mts. |
| Duchas | 1 (30 personas) |
| Recipiente para la basura | 1 de 100 litros (25 personas) |
Fuente: OPS/OMS
En la fase de rehabilitación se pueden atender algunas necesidades básicas sin usar instalaciones complejas. Las letrinas se usan especialmente en centros de refugios para atenuar la demanda de servicios higiénicos Las letrinas de trinchera son aptas para períodos breves y se instalan con facilidad. Las letrinas bajas son adecuadas como máximo para una semana de uso; para períodos más prolongados se deben excavar trincheras más profundas. Como máximo, una letrina puede ser usada por 20 personas. El fondo de todas las trincheras debe tener una distancia mínima de un metro y medio sobre la capa freática en sitios secos. Las letrinas deben estar ubicadas a una distancia mínima de 15 metros cuesta abajo de todas las fuentes de agua en un lugar de fácil acceso. Las trincheras deben limpiarse dos veces al día para controlar las moscas y olores y se deben rellenar antes de abandonarlas.
El tipo de letrina depende de las características geográficas, principalmente de la profundidad del nivel freático y de las condiciones ambientales previas de los servicios de saneamiento.
Luego de un desastre, es necesario evitar la contaminación de los alimentos y el consumo inadecuado de los mismos a fin de disminuir la ocurrencia de brotes infecciosos entre los refugiados y los trabajadores de socorro. Se tiene que considerar también la posibilidad de enfermedades transmitidas por el agua.
Los daños causados en los centros de almacenamiento de alimentos, de refrigeración, de venta y otros, pueden favorecer la contaminación y deterioro debido a la suciedad y gérmenes patógenos.
Por lo tanto, las medidas de salud ambiental también deben promocionar acciones preventivas para controlar la distribución y preparación segura de alimentos a través de la información, educación y comunicación sanitaria en los comedores comunitarios.
Las condiciones que se presentan inmediatamente después de un desastre favorecen el incremento de insectos y roedores. La causa puede ser la desorganización de los servicios sanitarios, como la recolección y disposición de basuras. La aglomeración de personas en refugios temporales aumenta el riesgo de enfermedades transmisibles por insectos y roedores.
Las inundaciones crean condiciones antihigiénicas y contribuyen a la formación de criaderos que permanecen activos por buen tiempo, por lo que es necesario adoptar medidas sencillas que eliminen esos espacios, como la inspección, el drenaje, el relleno y la inversión de los receptáculos.
En las áreas rurales, las medidas preventivas deben modificar el ambiente rápidamente para reducur el riesgo de focos epidémicos, que suelen ser mayores en esos espacios geográficos.
Encuesta sobre vectores. Generalmente hay tiempo suficiente para realizar una encuesta sobre vectores antes de instituir medidas de control de emergencia en relación con el tipo de desastre. Para las encuestas se deben formar equipos especiales, presididos por entomólogos y sanitarios experimentados en la lucha contra vectores.
La información del trabajo de campo indicará si son suficientes los programas tradicionales o si es necesario fortalecer algunas actividades. Usualmente, no se justifica recurrir a medidas excepcionales como el rociamiento aéreo o el uso de nuevos insecticidas de alto precio. Sin embargo, en zonas de alto riesgo representan una alternativa arrojarse los desechos en lugares adecuados, situados a un mínimo de cinco kilómetros de cualquier zona densamente poblada.
Control de vectores: Para localizar criaderos de moscas y vectores deben inspeccionarse los sitios de disposición de basuras, corrales, albergues de animales y lugares donde puedan acumularse desechos de mataderos o sustancias orgánicas en descomposición. Es importante identificar los charcos de agua. El clima y la estación son factores que inciden en la descomposición y en la proliferación de vectores. El procedimiento más eficaz de lucha contra las moscas es la práctica de un adecuado almacenamiento, recolección y disposición higiénica de desechos orgánicos. Si no es posible el relleno sanitario ni la incineración, deben arrojarse los desechos en lugares adecuados, situados a un mínimo de cinco kilómetros de cualquier zona poblada
Control de roedores: La proliferación de roedores se previene al extender e intensificar la recolección y eliminación de basuras en dos kilómetros a la redonda de la zona poblada. La finalidad es privar de víveres a las ratas mediante la aplicación de procedimientos adecuados de al- macenamiento y eliminación higiénica de alimentos. Cuando es inminente el peligro de una epidemia transmitida por roedores o epizootia, se debe emprender acciones de emergencia para conocer los tipos y los índices de densidad de población de roedores.
Cuando no hay peligro inminente de epidemias transmitidas por ratas, debe prepararse un mapa maestro que indique los sectores donde se necesite luchar contra ellas. La zona debe dividirse en secciones, cada una cubierta por una brigada encargada de aplicar los rodenticidas.
Los cadáveres no representan un mayor riesgo, al menos durante las primeras 72 horas, pero sí constituyen un crítico problema social por lo que su eliminación debe ser rápida mediante el entierro o cremación. Estas medidas requerirán la identificación previa por los familiares o el agrupamiento de los cadáveres no reconocidos. Se tiene que identificar cada uno de los cadáveres y llevar un registro detallado para deslindar responsabilidades legales.
El entierro individual o en fosas comunitarias son los métodos más sencillos y apropiados si resulta ritualmente aceptable y físicamente posible. La cremación no se justifica por razones de salud, además las cremaciones en masa requieren grandes volúmenes de combustible.
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Figura
3. Los desastres naturales tienen un ciclo de ocurrencia en
el tiempo, estemos preparados.
Los desastres naturales producen efectos adversos de diferente intensidad sobre la salud ambiental y frecuentemente causan daños físicos a los sistemas de agua y saneamiento. Los estragos pueden ser leves o graves e incluso cuando las estructuras físicas quedan intactas, la prestación del servicio suele verse afectada por la falta de personal, de transporte y de electricidad.
Cuando hay un gran número de sobrevivientes obligados abandonar la zona de impacto directo del desastre, los efectos adversos se sienten en las localidades que reciben a los damnificados, siendo probable que colapsen los servicios de saneamiento locales ante la demanda inusual.
La prestación eficaz de servicios de salud ambiental en emergencias se fundamenta en la aplicación de un conjunto de prioridades distintas de las normales. Durante las emergencias se optimiza el empleo de todos los recursos escasos y se reducen al mínimo los riesgos de salud del mayor número de damnificados.
El hacinamiento es el factor de riesgo más importante en los campamentos y asentamientos temporales porque las instalaciones sanitarias son improvisadas y la población es transitoria.
Es fundamental que las medidas sanitarias de emergencia se concentren en los lugares en los cuales el desastre ha modificado las condiciones preexistentes, al punto de crear un nuevo riesgo para la salud integral de la población.
Los problemas crónicos existentes en las poblaciones afectadas son imposibles de resolver durante la rehabilitación, por tanto, debe quedar claro que no constituye un objetivo inmediato mejorar las condiciones de los servicios de salud ambiental en niveles que superen las condiciones anteriores al desastre. Se debe examinar con prudencia la asesoría de expertos no familiarizados con los servicios preexistentes.
La primera prioridad de atención en salud ambiental son las áreas de elevada densidad demográfica por los riesgos de morbilidad agravados por el abastecimiento de agua y los servicios sanitarios inadecuados. Los esfuerzos estarán dirigidos a estas zonas aunque hayan sufrido perjuicios moderados.
La segunda prioridad la merecen las poblaciones de menor densidad y las zonas que tienen una población dispersa pero que han sufrido graves daños.
Las víctimas padecerán menos problemas si no se demora el suministro básico de agua y si se proveen albergues mínimos saludables. Además, una adecuada protección de los alimentos, un oportuno control de vectores y entierro o cremación de cadáveres.
Durante una emergencia se debe utilizar primero los materiales y recursos humanos locales, procurándose la participación activa de los habitantes del lugar.
La asistencia que se solicita de lugares alejados frecuentemente llega después que han pasado las condiciones de emergencia. Por lo tanto, la ayuda externa es más útil para la reconstrucción antes que para atender necesidades inmediatas.
Finalmente, una recomendación general que debe tener presente el personal, es que a pesar de las presiones a las que están expuestos cuando ejecutan medidas de urgencia de corto plazo, no se deben perder de vista las necesidades de rehabilitación y mejoramiento de los servicios sanitarios. Deben calcularse los costos preliminares para reestablecer los servicios de abastecimiento de agua, alcantarillado, y otras obras de salud ambiental . Para ello es imprescindible elaborar un plan de reconstrucción que incluya cálculos de costos y presupuestos.
ASSAR, M. Guía de saneamiento en desastres naturales, Geneva, WHO; 1971.
OPS. Salud Ambiental con posterioridad a desastres naturales. Washington DC: PAHO; 1982 Publicación Científica N° 430.
OPS. Atención de emergencias en salud ambiental y provisión de agua, Washington DC: PAHO; 1988.
OPS. Health management of natural disasters. Washington DC: PAHO; 1999. Publicación Científica N° 407.
OPS. Administración sanitaria de emergencia con posterioridad a desastres naturales. Washington DC: PAHO; 1986.
RUIZ, G.A. Sistemas de agua potable y alcantarillado en casos de emergencia. Presentado en el XVI Congreso Interamericano de Ingeniería Sanitaria y Ambiental. República Dominicana, Santo Domingo, 1978.
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