| 2. EVALUACIÓN DEL RIESGO SEGÚN SUSTANCIA ESPECÍFICA Las fases de cualquier proceso de evaluación de riesgos están estrechamente ligadas a los ulteriores procesos de manejo del riesgo, ya que con base objetiva orientan para cada sustancia en particular acerca de los niveles peligrosos de exposición, los niveles de seguridad para las sustancias y los factores locales que están influyendo en la ocurrencia del daño en salud. Los datos que surgen de la evaluación sirven de base científica para quienes en los países establecen las normas oficiales de exposición a sustancias químicas ambientales peligrosas, proceso éste al que concurre una serie de otros criterios de carácter económico, tecnológico, legal, político, etc. El
análisis del riesgo y el manejo del riesgo incluyen una secuencia
de pasos, que reciben diferente ordenamiento y nomenclatura según
el organismo que los ha desarrollado; en el cuadro siguiente se muestran
los diferentes esquemas institucionales o nacionales disponibles y
el año en que se presentaron. Se puede apreciar que en líneas
generales los diferentes modelos tienen mucho de similar, variando
entre sí en muy poco grado. Comparación de modelos para evaluar y manejar el riesgo
El modelo para desarrollar la evaluación del riesgo por sustancia específica que se presenta a continuación, ha sido descrito por instituciones de los Estados Unidos (NRC, 1983; EPA, 1984; EPA 1987). Este proceso tiene dos dimensiones. La primera ha sido y continúa siendo la aplicación de la metodología a cada sustancia sobre las cuales se desconoce total o parcialmente su impacto en la población y para las cuales se actualizan o establecen criterios toxicológicos y epidemiológicos acabados. En esta dimensión se revisa y depura la información que a nivel mundial exista sobre la sustancia y se establecen los criterios más importantes sobre el riesgo que implica su uso. La Agencia de Protección Ambiental, de los Estados Unidos (EPA) en particular, incorpora finalmente esta información en su base de datos IRIS, en donde hay información para más de 500 sustancias específicas (Anexo 1). Una parte importante de los contaminantes más frecuentes del aire ya han sido sometidos a este proceso. La segunda dimensión es el uso que se hace de esta información para resolver problemas locales; para esto los usuarios se benefician del análisis que ya se ha hecho de los datos mundiales y de los criterios y guías que se han derivado y en general sólo tienen que limitarse a estudiar las condiciones locales de contaminación y de exposición para estimar el riesgo existente. Cabe comentar en este segundo contexto que, si bien la metodología es exigente en cuanto a la disponibilidad de datos sobre dosis-respuesta y exposición, se argumenta por otro lado que es posible efectuar evaluaciones útiles con carácter transitorio aún sin una información estrictamente completa.
La Academia Nacional de Ciencias, de los Estados Unidos, define la evaluación de riesgos como la caracterización de los efectos potencialmente adversos para la salud humana, a causa de la exposición a factores ambientales peligrosos. De una manera simplificada y recordando la definición que se dio al inicio, la evaluación de riesgos apunta a determinar el perfil de toxicidad de la sustancia, así como la magnitud, tipo y vía de exposición de la población y a estimar los daños en la salud de la población expuesta. La metodología consta en líneas generales de cuatro etapas secuenciales: identificación del peligro, evaluación de la relación dosis-respuesta, evaluación de la exposición y caracterización del riesgo. |