Repindex
OPS OMS

REPINDEX 42: Lagunas de Estabilización

junio, 1992
ISSN: 0252-7987


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Introducción

En América Latina, con sólo una cobertura del 49% de alcantarillado, más de 40 millones de metros cúbicos por día de aguas residuales se colectan y se vierten, contaminando ríos, lagos y mares. Si en el Año 2000 nos beneficiáramos con este servicio básico al 90%, estaríamos arrojando más de 100 millones, agravando aún más la situación. Por ello, el desafío técnico es proponer soluciones que hagan factible dentro de una crisis económica que nos afecta realizar inversiones que reduzcan la contaminación, generando beneficios adicionales al proceso de depuración del recurso hídrico.

Del volumen colectado por los sistemas de alcantarillado, menos del 10% recibe algún tipo de tratamiento, previo a su descarga en un cuerpo de agua superficial, o a un reuso para el riego directo de productos agrícolas.

Además, se está afectando el uso que se hace de estas aguas superficiales: muchos de los ríos y lagos utilizados como fuentes de abastecimiento de agua (menos del 50% de los favorecidos con el servicio de agua recibe un producto desinfectado), tienen altos niveles de contaminación, microbiológica (16 ríos de América superan los 1,000 Coliformes Fecales/100 ml; GEMS-1987). Estos mismos cuerpos de agua riegan alimentos que, como consecuencia lógica, son contaminados, incrementando así los factores ambientales de riesgo para la salud de la población, sin distingo de clases o de ingresos. Un indicador actual de esta situación es el cólera.

Se estima que existen en América Latina  el Caribe unas 215 ciudades costeras, cada una con más de 100,000 habitantes; 76 de éstas hacen una población de alrededor de 58 millones de habitantes localizados a lo largo de la costa marina o de estuarios. Las descargas sin tratamiento de estas aguas residuales, contaminan productos hidrobiológicos de las áreas cercanas a las descargas, y limitan el uso recreacional al contaminar las playas. Esta situación de grave impacto económico afecta a las exportaciones de productos hidrobiológicos y al turismo.

El desbalance entre el recurso hídrico y el crecimiento explosivo de las grandes ciudades, ha obligado a dar prioridad al uso de aguas superficiales destinadas a la agricultura, para los fines de abastecimiento público y generación de energía eléctrica. Como lógica consecuencia, el sector agrario, ubicado en la periferia de las grandes ciudades, ha visto en el uso de aguas residuales para riego su supervivencia. Esto se refleja en la existencia de más de 400,000 ha agrícolas irrigadas con estas aguas en forma directa, la mayoría sin tratamiento previo (en marzo de 1992, de la información disponible, se sabía que en México 350,000 ha y en Perú 4,000 ha, eran regadas directamente con aguas residuales). Pero esto es sólo la punta del iceberg; una cantidad superior de tierra agrícola es irrigada con aguas superficiales de ríos y canales que superan ampliamente los 1,000 CF/100 ml. Esta contaminación supera el indicador máximo permisible para el riego de vegetales de consumo crudo que, según las recomendaciones sanitarias de la OMS, debe ser menor a mil coliformes fecales.

Las situaciones endémicas de diarreas parasitismo, fiebre tifoidea y salmonellosis que imperan desde el Río Grande hasta el Cono Sur conocidas como La Venganza de Moctezuma o de Atahualpa no son más que el reflejo de esta crítica situación, a la que vino a sumarse el cólera: bacterias, virus patógenos y parásitos que son transportados y dispersados por los ríos y lagos contaminados con aguas residuales.

Es necesario tomar conciencia y decidir una acción sobre la situación por la que estamos atravezando, producto de la poca o ninguna atención que hemos brindado a los recursos renovables como el agua.

No estamos plenamente conscientes ni tenemos un real conocimiento de que la capacidad de renovación de los cuerpos de agua es finita, y se ha abusado de la creencia de la asimilación ilimitada por parte de la naturaleza. De este modo, en los niveles de decisión política de nuestros países tanto central como local y en las agencias de crédito internacional, no se le ha otorgado la prioridad necesaria a la descontaminación de los cursos superficiales del agua. Por otro lado, en todos los sectores de nuestra sociedad no existe una percepción cabal de los riesgos para la salud a los cuales estamos expuestos, a través de la cadena de factores de riesgo asociados a la disposición de las aguas residuales sin tratamiento previo.

Cuanto mayores son los niveles de contaminación bacteriológica, mayores son los niveles de exposición a la población y los riesgos para la salud; consecuentemente, mayor será el impacto económico derivado de la contaminación.

Sólo como uno de los daños no cuantificados, están los costos de tratamiento que, en las plantas potabilizadoras de agua, se ven incrementados con el deterioro de la calidad del agua cruda que procesan, ya que se requiere la aplicación de una mayor cantidad de compuestos químicos, y la optimización del proceso de desinfección para garantizar un agua segura para consumo humano.

Una buena calidad de la materia prima (agua) minimiza los riesgos de exposición a la población, originados por errores humanos en la operación de plantas de tratamiento, y reduce al máximo el episodio de entrega al usuario de un producto contaminado. En sistemas sofisticados de potabilización o de alta tecnología, cualquier error humano o falla de los equipos dentro de las plantas de tratamiento, puede provocar episodios lamentables de los brotes epidémicos, ocasionados por el suministro de agua sin tratamiento adecuado.

El Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria y Ciencias del Ambiente (CEPIS) reclama la necesidad de mejorar y mantener la calidad del agua a través de la protección y recuperación de cuencas hidrográficas y acuíferos.

El CEPIS considera que, una forma de contribuir al mejoramiento de los indicadores de salud de los países de la Región, caracterizados por una alta incidencia de enfermedades entéricas y parasitosis, es el tratamiento de las aguas residuales, ya sea para disponerlas finalmente en cuerpos de agua o para su reutilización.

Las experiencias e investigaciones, así como la reflexión sobre los problemas de salud, y la escasez de recursos hídricos o económicos, plantean la urgencia del uso de tecnología apropiada para emprender programas de tratamiento de aguas residuales, no sólo en los aspectos técnicos o de ingeniería, sino además de gestión y uso de aguas residuales convenientemente tratadas.

El objetivo es no sólo reducir o eliminar los riesgos para la salud al descontaminar las fuentes de agua, sino viabilizar financieramente estos proyectos, dentro de las posibilidades económicas y necesidades sociales de la Región.

Lagunas de estabilización: una alternativa viable

En los países en desarrollo, el objetivo prioritario de tratamiento de las aguas residuales, debe ser la remoción de parásitos, bacterias y virus patógenos pues son males endémicos en nuestros países, y NO la remoción de materia orgánica y nutrientes, que es el objetivo de tratamiento en los países desarrollados, en los cuales una tifoidea o un caso de parasitismo son excepcionales

La opción tecnológica mediante la cual se alcanza plenamente este objetivo ("no patógenos"), corresponde a las lagunas de estabilización que, en base al período de retención, puede lograr la remoción total de parásitos, bacterias y virus patógenos. Ningún sistema convencional, tipo lodos activados o filtros biológicos, puede competir con la eficiencia de remoción de patógenos que se logra en las lagunas de estabilización, a menos que finalizado el tratamiento se haga un pulimento mediante un proceso de desinfección del efluente. Esto obviamente encarece y hace más compleja la operación y el mantenimiento.

Los efluentes de las lagunas de estabilización, en función a su calidad bacteriológica, permiten su uso en cualquier actividad agropecuaria, desde la horticultura, forestación, cultivos agro-industriales, hasta la acuicultura.

En el momento actual, si nuestro objetivo fuese el de descontaminar el recurso hídrico, todos los proyectos serían inviables financieramente. Sin embargo, al aprovecharnos la excelente calidad bacteriológica y la riqueza en nutrientes que ofrecen las aguas tratadas por baterías de lagunas, obteniendo otros beneficios secundarios como el de la industria agropecuaria, próxima a los centros de consumo, la pronta recuperación de nuestro limitado recurso hídrico en la Región sería una realidad.

Sin embargo, debe hacerse especial mención al hecho que la presencia de tóxicos como metales pesados entre otros, provenientes de las descargas de aguas residuales industriales a la red de alcantarillado municipal es una limitante para la estrategia del reuso de aguas residuales. Su presencia no sólo inhibirá o reducirla la eficiencia de los procesos biológicos que se dan en una laguna, sino que además los tóxicos se bioacumularían a través de la cadena alimenticia en los productos de consumo humano que se pretendan producir con el uso de aguas residuales tratadas o no, exponiendo a graves riesgos la salud de los consumidores.

Por ello, es necesario que los programas de ampliación de la cobertura de tratamiento de aguas residuales bajo esquemas integrados de tratamiento-reuso, vayan acompañados de un programa de control de tóxicos de la industria. Este implica la implantación de una estrategia de minimización y reciclaje de los residuales industriales, dentro de la misma industria donde se generan, es decir de acción en la fuente.

Otra advertencia relevante es el reconocer que los requerimientos para la operación y mantenimiento de lagunas de estabilización no son nulos, pero resultan mínimos comparados con los de los sistemas convencionales, en los que existen equipos mecánicos de dosificación, bombeo y aireación, con sus respectivas mediciones y controles. Además, al operar con el sistema de lagunas, tampoco existe la dependencia de mantenimiento preventivo y correctivo de equipos electromecánicos, ya que los procesos biológicos involucrados en una laguna son naturales y no los requieren, adecuándose de esta forma a las posibilidades económicas, de espacio, valor de la tierra y de recursos humanos de los países de la Región.

Las razones expuestas conllevan a que al seleccionar la tecnología óptima de tratamiento de aguas residuales las lagunas de estabilización estén dentro de las primeras opciones.

Sin embargo, dentro de las consideraciones de selección de alternativas, se debe tomar en cuenta la disponibilidad y costo del terreno, variable que puede ser limitante en la elección de esta tecnología. La decisión final deberá obedecer a un análisis económico-financiero que involucre los costos de inversión inicial, de operación y mantenimiento, y la posibilidad de posponer inversiones mediante sistemas en paralelo y de construcción progresiva, vale decir, por módulos: otra de las ventajas adicionales de los sistemas de lagunas.

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