Notas sobre desastres antropogénicos y catástrofes


  1. Naturaleza del desastre natural
  2. Desastres naturales e impactos – cronología en la Región Americana
  3. Peligro, vulnerabilidad, riesgo de las poblaciones
  4. Medidas de enfrentamiento al desastre
  5. Salud y vivienda
  6. Eslogan
  7. Bibliografía en el WEB

Naturaleza del desastre natural

El planeta que habitamos ha sido modelado en el transcurso de las eras del tiempo por las fuerzas de la naturaleza, las que operan permanentemente cambiando secularmente la faz fisiográfica, incluida la biota y las condiciones del devenir de las especies. En ocasiones la energía de los cambios se libera paulatinamente como es el caso de los procesos erosivos y sedimentarios, pero a veces abruptamente en forma de eclosiones, lo que somete al entorno a intensos factores de estrés para la vida. Tales episodios, regularmente de abrupta irrupción y relativamente corta duración pero de gran intensidad, inducen bruscas variaciones del paisaje y de todo el medio natural, imponiendo nuevos estados a los ecosistemas. El hombre llama a tales eclosiones, desastres naturales.

Un desastre natural es un disturbio ecológico abrumador que excede la capacidad de la comunidad afectada de reajustarse por si misma, requiriendo la misma de asistencia externa.

Los desastres más comunes pueden clasificarse por su origen en geológicos, tales como terremotos, tsunamis, volcanes y deslizamientos; e hidrometeorológicos, tales como huracanes, tormentas tropicales, inundaciones y sequías. Por su frecuencia de aparición los terremotos, los fuertes vientos y las inundaciones representan más de un 73 % de todos los eventos, donde el 38% se reserva a las inundaciones, 32% a los fuertes vientos y 13% a los terremotos. Ellos acaparan más del 91% del costo global de las pérdidas, donde el 49% lo asumen los terremotos, el 36% los fuertes vientos y el 6% las inundaciones.

Terremotos

Las sacudidas y desplazamientos oscilatorios rápidos de la corteza terrestre se denominan sismos. Los terremotos resultan sismos devastadores que se encuentran entre aquellos fenómenos naturales que más afectan la tierra. Más de 1,6 millones de personas han muerto por terremotos en el curso del siglo 20 acompañando enormes pérdidas materiales. El terremoto de Kobe (6,9 en la escala de Richter), por ejemplo, produjo pérdidas que sobrepasaron los 140 billones de dólares, demostrando que el daño no se vincula sólo a la energía liberada sino también a las características del territorio afectado, que incluye la densidad poblacional y las instalaciones económicas. El daño depende entonces de la magnitud del evento, las propiedades físicas de los edificios y estructuras y la naturaleza de los efectos basales y secundarios tales como fuegos, deslizamientos y tsunamis. En la Región Americana, muchos terremotos se producen por la interacción de placas tectónicas. A la subducción y colisión entre las placas Continental y de Los Cocos, de Nazca y del Caribe, se adjudica la extensiva sismicidad a lo largo de la costa del Pacífico de Centro y Sudamérica y la Cuenca del Caribe.

Volcanes

La expulsión agitada a la atmósfera de productos del manto de la tierra se efectúa a través de los conos de los volcanes, incluyendo gases, ceniza y roca ígnea, en medio de tremores y sacudidas telúricas. Los piroplactos (cenizas y gases) y la lava, las avalanchas y los deslizamientos de lodo junto a los tremores causan una gran devastación en corto tiempo, que puede dar lugar a serios impactos sobre el medio ambiente y a más largo término, a evacuaciones forzosas, interfiriendo el transporte, incrementando la acidez de la precipitación y el enfriamiento global de las temperaturas. El paso de la lava quema y aplasta viviendas, arranca de raíz los árboles. Sus emanaciones de vapores de azufre y monóxido de carbono envenenan el aire. La ceniza puede también cubrir labradíos. Los volcanes submarinos son características comunes de ciertas zonas del lecho oceánico, hallándose algunos activos que ocasionan irrupciones de vapor y rocas residuales sobre la superficie del mar y generan peligrosas olas, denominadas tsunamis.

Tsunamis

Se definen como olas gigantes que pueden trasladarse grandes distancias en los océanos a velocidades que pueden exceder los 1000 km/h en el mar abierto. Son causadas por terremotos, actividad volcánica y deslizamientos en el lecho marino. Debido a la dimensión, longitud de onda, profundidad y velocidad de estas olas, resulta dificultoso detectarlas y seguirlas. Cuando alcanzan la línea de la costa y, particularmente, bahías o ensenadas, interactúan con el fondo del mar, reducen su velocidad y alcanzan grandes alturas, constituyéndose en importantes amenazas a la población, los animales y las estructuras a lo largo de este paisaje. Las costas que rodean el océano Pacífico son particularmente vulnerables.

Fenómenos climáticos periódicos

Los vientos del Este en bajas latitudes del Pacífico Sur acumulan regularmente el agua cálida en las islas del Oeste del Pacífico. La inversión del sentido de estos vientos, caldea la temperatura del agua en la zona Este de forma inusual, produciendo una redistribución del plancton que afecta las especies marinas. La inversión del patrón de presiones atmosféricas en esta región, conocida como Oscilación Sur, vinculada a este fenómeno oceánico, produce eventos meteorológicos inusuales en vastos territorios. Este fenómeno periódico, conocido como El Niño, ha causado ciclos de lluvias intensas y sequías en muchas partes del mundo. Existe un evento climático alterno conocido como La Niña que redistribuye los patrones de tiempo anómalos. Algunas asociaciones de estudios retrospectivos y datos preliminares de estudios en curso indican que hay relación entre estos fenómenos y la transmisión de algunas enfermedades, y entre la gravedad del fenómeno y otras influencias climáticas con el deterioro de recursos naturales y el deterioro social y económico en áreas geográficas poblacionales vulnerables, lo cual propicia el aumento de los riesgos a la salud.

Oleaje de tormenta

La combinación de fuertes vientos hacia la costa, bajas presiones atmosféricas y altas mareas astronómicas pueden dar lugar a niveles del agua marina excepcionalmente altos, conocidos como mar de leva. Alrededor del mundo, el mar de leva constituye el riesgo natural principal en muchas regiones costeras e insulares vulnerables. Mar de leva, con amplitud hasta de varios metros, es generado por los ciclones tropicales, causando regularmente gran destrucción en los océanos Pacífico, Atlántico e Indico, la Bahía de Bengala y el Golfo de México.

Ciclones

Los ciclones son áreas de baja presión del aire, caracterizadas por fuertes vientos y precipitación. Los que se producen en latitudes medias van acompañados de superficies de discontinuidad de temperaturas, denominadas frentes. Se mueven a la deriva en la corriente de chorro de la tropopausa. En las regiones tropicales, estos fenómenos aparecen en el seno de masas de aire térmicamente homogéneas. La intensidad de sus vientos es mayor aquí, presentando una región central de calmas denominada ojo, pero su extensión superficial es menor que en el caso de los extratropicales. Estos meteoros son potencialmente los más destructivos de todos los sistemas que afectan las comunidades costeras en países tropicales y subtropicales. Anualmente se producen unos 80 ciclones o huracanes. Se calcula que un promedio de 10 huracanes amenazan las Indias Occidentales y la costa este de América Central y México entre junio y noviembre cada año. En latitudes medias los ciclones causan blizzards, lluvia helada y fuerte caída de nieve en invierno, dando lugar también a lluvias intensas, granizadas y familias de tornados.

Tormentas locales severas y tornados

Nubes de tormenta de naturaleza convectiva, denominadas Cumulonimbus, pueden producir tiempo severo con tornados, granizo, ráfagas de viento destructor, actividad eléctrica y rápidas inundaciones, representando una seria amenaza a la vida y la propiedad en muchas partes del mundo.

Tormentas de polvo

Los fuertes vientos sobre superficies terrestres granuladas pueden dar lugar al levantamiento y arrastre de los gránulos, reduciendo abruptamente la visibilidad y produciendo reacumulaciones del material. Las tormentas de arena y polvo son eventos naturales que ocurren extensamente alrededor del mundo, en regiones áridas y semiáridas, tanto en latitudes templadas, tropicales y subtropicales. Ellas constituyen uno de los fenómenos atmosféricos más displacenteros y pueden resultar peligrosos para la transportación, la navegación y la salud humana.

Sequías e inundaciones

La escasez o exceso consuetudinarios de las precipitaciones atmosféricas, normalmente vinculadas en el primer caso a fenómenos estacionarios de abatimiento o subsidencia anticiclonal y en el segundo a bajas presiones y convección, resultan componentes usuales de la variabilidad climática. Sus efectos pueden ser tanto directos, en la forma de amenaza a la vida humana, de animales y plantas, como indirectos, afectando la dispersión y reproducción de las especies, la producción agrícola, la ganadería, la industria y los servicios y en algunos lugares la generación de energía. Los factores humanos, tales como el crecimiento poblacional, prácticas silvícolas y agrícolas inapropiadas, ausencia o pobreza de planificación y conflictos armados pueden acrecentar sus efectos. Los impactos adversos de sequías severas son bien conocidos –migraciones forzadas de hombres y animales, reducciones alimentarias, de agua, energía y otras necesidades básicas, degradación ambiental y hambre masiva desastrosa, requiriéndose la movilización de grandes esfuerzos internacionales de alivio. Los efectos principales sobre la salud se describen en cuatro áreas: enfermedades comunicables, saneamiento ambiental, comida y nutrición, vectores.

Deslizamientos y avalanchas

Refieren el desplazamiento de la capa superficial del suelo en superficies inclinadas, donde la energía potencial gravitatoria se combina a la debilidad de la fricción y la retención de la materia superficial. El fenómeno ocurre en todas las regiones del mundo, donde masas de rocas, tierra, desechos mineros y residuos, o en el último caso nieve, se desplazan pendiente abajo como resultado de tormentas de lluvia, terremotos, erupciones volcánicas y actividades humanas varias, o en el último caso derretimiento o sobrepeso del hielo. El suceso golpea sin aviso destruyendo paisajes, edificios y viviendas, rompiendo líneas eléctricas, de agua, gas y alcantarillado, interrumpiendo carreteras y vías férreas. El impacto de los deslizamientos está condicionado por la naturaleza específica del evento y su origen. Así, los corrimientos en las cuestas obviamente constituyen un peligro a la vida humana y la propiedad, pero en general causan daño en sólo una limitada área geográfica. Los deslizamientos más severos son aquellos causados por el desplazamiento gradual de grandes áreas de la superficie terrestre, en tanto sus efectos sobre edificios y otra infraestructura son lentos pero peligrosos. Este tipo de deslizamiento es disparado por condiciones hidrometeorológicas extremas y por sacudidas sísmicas.

Fuegos

Los fuegos silvestres se originan comúnmente con altas temperaturas estivales, combinadas a sequías y ocasionales vientos fuertes que contribuyen a su propagación, en presencia de vegetación combustible a partir de descargas eléctricas naturales o producto de la acción antrópica. Dañan extensivamente los bosques, los asentamientos humanos y las industrias, dando lugar al cierre de carreteras, vías férreas y aeropuertos, evacuaciones de personas y animales, daño o muerte de animales domésticos y de la fauna silvestre y pérdida ocasional de vidas humanas.

Riesgos ambientales en áreas urbanas

Por sus características son referidos en acápite independiente, constituyendo un conjunto de fenómenos particulares inducidos por la urbanización. Aparecen con el empeoramiento de los riesgos físicos, los patrones de exposición cambiantes, el deterioro de la vulnerabilidad y los saltos en los niveles sociales de pérdidas aceptables. La falta de reconocimiento de los riesgos existentes, los fallos de conservación de medidas contra el riesgo de alteraciones ecológicas y la emergencia de nuevas amenazas urbanas son factores adicionales contribuyentes.


Desastres naturales e impactos – cronología en la Región Americana

Según expertos en desarrollo internacional, en estos momentos hay dos millones de refugiados por desastres naturales como el huracán Mitch y las devastadoras lluvias que azotaron a Venezuela en diciembre último, además de otros episodios ambientales menos trágicos. El número se ha duplicado desde 1997, y la mayoría de los expertos estima que continuará creciendo vertiginosamente ante la evidencia de los violentos cambios climáticos que está sufriendo la región.

Es difícil obtener cifras exactas, pero estas víctimas de la crisis ambiental han acrecentado la población de las barriadas marginales, lo que, a su vez, ha aumentado la posibilidad de que ocurran nuevos desastres. Otro millón y medio de personas son emigrantes "invisibles" que se han desplazado a otros países. Según el Centro de Evaluación de Desastres de América Latina y el Caribe de la ONU, se ha registrado un marcado aumento en "la intensidad y frecuencia" de las catástrofes ambientales en la región. Durante los últimos 10 años, el centro ha registrado 11 "macrodesastres" - catástrofes que un país no puede enfrentar por sí mismo debido a su magnitud- y cerca de 100 "microdesastres", tales como sequías, inundaciones menores y desertización.

El incremento en los últimos 30 años de los impactos negativos de los desastres, dados en número de sucesos con muertes, personas afectadas y daños materiales, se atestigua en la siguiente gráfica. Las razones para la ocurrencia de tales tendencias no radican sólo en la espontaneidad de la naturaleza, habría que añadir la influencia antrópica en el medio y la dinámica de los problemas del desarrollo y la vulnerabilidad de las poblaciones y su infraestructura.

En comparación a la década de los 60s, la pasada década ha visto triplicarse el número de grandes catástrofes naturales, costando a las economías mundiales tanto como 9 veces más que entonces – sólo la cuenta de 1998 estuvo sobre los 90 billones de US$.

Algunos casos de impacto de desastres se refieren a continuación.

Terremotos

En 1972 la mayor parte de Managua fue destruida por un temblor de magnitud 6.2, que dejó 10,000 víctimas mortales.

En 1976, 23,000 personas perecieron en un sismo en Guatemala, donde cerca del 90% de las edificaciones, en la parte central de las montañas más altas del país, fueron destruidas o seriamente dañadas.

En 1985 un terremoto asoló la región central de Chile, alcanzando 7,8 en la escala de Richter, cuyo epicentro se ubicó en la costa cerca de Alzarrobo. Este suceso afectó un área donde se concentraba cerca del 50% de la población urbana de Chile; 180 vidas se perdieron; 2,575 personas fueron heridas y cerca de 84,000 viviendas fueron totalmente destruidas.

En 1986 un total de 20 manzanas del centro de San Salvador fueron completamente destruidas, cegando más de 1,000 vidas.

En 1989 un terremoto asoló 400,000 millas cuadradas en San Francisco, causando 60 muertos.

En 1994 la ciudad de Los Angeles sufrió pérdidas entre 15 y 30 billones de US$ por un fenómeno análogo.

En la tabla siguiente se observa que 6 de los 10 sismos de mayor energía registrados en el mundo en este siglo afectaron la Región Americana.

País

Fecha

Energía [MW]

Chile mayo 22, 1960

9.5

Alaska marzo 28, 1964

9.2

Rusia abril 11, 1952

9.0

Ecuador enero 31, 1906

8.8

Alaska marzo 9, 1957

8.8

Islas Kuriles noviembre 6, 1958

8.7

Alaska febrero 4, 1965

8.7

India agosto 15, 1950

8.6

Argentina noviembre11, 1922

8.5

Indonesia febrero 1, 1938

8.5

Volcanes

Desde épocas remotas los volcanes han llevado la desolación a diversos pueblos. La historia revela que en el año 79 N.E. el Vesubio destruyó la ciudad de Pompeya matando a 2,000 personas.

En 1902 el volcán Mont Pelé de Martinica destruyó la ciudad portuaria de Saint Pierre con un flujo piroclástico (gas y ceniza) causando 30,000 muertes.

En 1980 una explosión en la ladera del Monte St Helen en Washington levantó una nube de gas y ceniza a 12 millas de altura. El flujo piroclástico se acompañó de un deslizamiento de fango y nieve derretida.

En 1982 el volcán El Chichón de México produjo una extensa pluma de ácido sulfúrico, constituyendo éste el impacto atmosférico global principal de las erupciones.

El volcán Kilahuea de Hawai, en erupción desde 1983, cubrió de lava 3,5 millas cuadradas, destruyendo el pueblo de Kalapana, quemando bosques y alcanzando el torrente ígneo la bahía y la playa.

En 1991 el Pinatubo hizo erupción en Filipinas en 26 ocasiones, lanzando cenizas y piedras incandescentes a distancias de hasta 25 millas, precedido de temblores, provocando un extenso río de lava. El tiempo atmosférico sufrió un enfriamiento inducido. Doscientos acres de tierra quedaron desoladas. Un millón de viviendas fue destruido en 24 poblados. Fueron evacuadas 80,000 personas, pero perecieron más de 500.

En la tabla siguiente se observa que 6 de las últimas 10 erupciones volcánicas registradas se produjeron en América.

Volcán

Fecha de erupción o actividad

Localización

Etna, Sicilia, Italia febrero 1, 2000 37.7N, 15.0E
Nyamuragira, Congo enero 30, 2000 1.4S, 29.2E
Pacaya, Guatemala enero 23-24, 2000 14.4N, 90.6W
Colinas Soufriere, Montserrat, Indias Occidentales enero 7-14, 2000 16.7N, 62.2N
Popocatepetl, México enero 13, 2000 19.0N, 98.6W
Mayon, Filipinas enero 5, 2000 13.3N, 123.7E
Shishaldin, Isla Unimak, Alaska enero del 2000 547.5N, 163.96W
Guagua Pichincha, Ecuador diciembre 17, 1999 0.17S, 78.6W
Masaya, Nicaragua noviembre 22, 1999 12.0N, 86.2N
Sakura-Jima, Japón noviembre 1, 1999 31.58N, 130.67E

 

Tsunamis

En 1692, 3,000 personas murieron en un terremoto acompañado de un tsunami en Port Royal, Jamaica.

Como resultado de un temblor en las afueras de las Islas Vírgenes en 1867 y en Puerto Rico en 1918, los tsunamis asociados causaron extenso daño.

En 1964 un terremoto en Alaska hunde 20 pies la ciudad de Anchorage y genera un tsunami que alcanza Japón un día después produciendo gran devastación.

En 1992 un terremoto de magnitud 7,2 a las afueras de la costa oeste de Nicaragua generó olas sobre 10 m de altura que dejó 116 muertos, 13,500 damnificados y más de 40,000 personas sin vivienda.

Fenómenos climáticos periódicos

El Niño y La Niña:

En el sector vivienda en Perú, los tugurios urbanos de Lima son los más afectados por estos episodios. En total, 62,771 viviendas fueron parcialmente dañadas o destruidas por inundaciones en 1982. Entre los primeros meses de 1982 y los de 1983, según se ha señalado, el mal tiempo causó daños a las propiedades por más de 2,000 millones de dólares y pérdidas agrícolas por cerca de 6,000 millones en cinco continentes y docenas de naciones, entre inundaciones, sequías, incendios originados por éstas y un insólito huracán que azotó a Hawai en noviembre de 1982.

Oleaje de tormenta

El mar de leva asociado a los huracanes tropicales causa el 90% de las muertes.

Ciclones

Cada año se estima que alrededor de 20,000 personas pierden sus vidas en tormentas tropicales en todo el mundo. Las pérdidas materiales pueden sobrepasar billones de dólares.

Se ha reportado que entre 1960 y 1989, los huracanes infligieron 28,000 víctimas, alteraron la vida de otros 6 millones y destruyeron propiedades valoradas en cerca de 16 billones de US$ en la Cuenca del Caribe solamente, ello sin contar las pérdidas causadas en Latino América y los Estados Unidos.

Sólo el huracán Mitch desalojó a 1,2 millones de personas en toda América Central. A su paso, el George sembró la destrucción. Las islas de Saint Kitts y Nevis, Antigua y Barbuda, Montserrat, Anguila y las Islas Vírgenes británicas se vieron todas afectadas, pero los daños se produjeron mayormente en Saint Kitts y Antigua. El impacto global de George y Mitch (1998) en el desarrollo social y económico (especialmente en algunos de los países de América Central) fue de tal magnitud que probablemente se tarde unos 20 años en recuperar.

En Honduras, el gobierno ha estimado los daños del huracán Mitch en 5,000 millones de dólares, cuando su Producto Interior Bruto (PIB), es de 7.000 millones. La comunidad internacional acordó aportar 2,500 millones en ayuda, incluidos 400 millones de Estados Unidos, pero sólo una fracción del dinero prometido se ha materializado.

Tormentas locales severas y tornados

En la primavera de las planicies norteamericanas se produce la convergencia del aire polar proveniente del Canadá con el aire húmedo tropical que avanza desde el Golfo de México. Ello da lugar a la producción de intensa actividad convectiva a cuyos patrones más intensos se les ha denominado superceldas. Ellas vienen acompañadas de vientos fuertes, granizos, gran actividad eléctrica y tornados. En 1991, las superceldas produjeron en sólo dos días 54 tornados en el medio oeste de los Estados Unidos dejando 250 millones de US$ en daños materiales.

Tormentas de polvo

Tormentas severas o prolongadas de polvo y arena han resultado en importantes desastres. Una tormenta de polvo, que duró 5 horas cerca de JinChang, China, causó 640 millones de yuanes en daño económico sobre una amplia zona e hirió y mató más de 300 personas.

Sequías e inundaciones

La sequía es un fenómeno que afecta grandes áreas del hemisferio occidental, pero quizás el caso más estudiado es el del Nordeste del Brasil. Desde la década de 1940 un incremento de la población, la destrucción en gran escala de recursos naturales y la creciente desertificación ha contribuido a que este país sufra de modo creciente una severa sequía, que resultando periódica, desestabiliza la primitiva economía de la región, deprimiendo los recursos naturales, quemando los pastos, diezmando el ganado y demoliendo cosechas, convirtiendo el sertão en un paisaje desértico cuyos habitantes, privados de reservas mueren por la falta de alimento y agua. Allí hay 12 millones de personas afectadas por la sequía. Muchos migran a las grandes ciudades, donde se añaden al creciente número que habitan las favelas o tugurios que rodean las ciudades. La población de Sao Paulo, de 19 millones, aumentó en 300,000 habitantes el año pasado por este flujo de refugiados. Es difícil catalogar los efectos migratorios de las sequías prolongadas, también generadas por cambios climáticos, y el abuso humano de las tierras y los recursos acuíferos. En México, éstos últimos han bajado en un 40 por ciento en las zonas más pobladas del centro del país, y se estima que este año más de 700,000 personas deberán abandonar sus tierras por este motivo.

Las inundaciones constituyen un tipo de desastre natural bastante frecuente, contado entre los más ruinosos. Entre 1990 y 1992 aproximadamente 2 millones de personas en Bolivia fueron seriamente afectadas por severas inundaciones y sequías. Las inundaciones, a principios de 1992 en la zona Nordeste del país, afectaron más de 40,000 personas en 160 comunidades. Las pérdidas agropecuarias fueron estimadas en más de 16,6 millones de US$.

En octubre de 1999, las inundaciones de México dejaron a 500,000 personas sin techo, y en 1998, en Perú, otro medio millón de personas tuvo que abandonar sus hogares debido a las inundaciones.

Las inundaciones de días recientes en Venezuela sumaron otras 150,000 víctimas.

Deslizamientos y avalanchas

La actividad humana, particularmente la deforestación, la contaminación y otros impactos pueden resultar en deslizamientos con efectos económicos y sociales extremos.

Los deslizamientos causados por lluvias fuertes e inundaciones han tenido efectos devastadores en la Región Americana, particularmente en áreas deforestadas y en áreas donde la vivienda ha sido construida en suelos inestables.

Sólo en los Estados Unidos, se ha estimado que los deslizamientos causan una pérdida anual de aproximadamente 1,5 billones de US$ y 25 muertes, en tanto muchas áreas del globo son aún más vulnerables.

Las avalanchas dan lugar a cuantiosas pérdidas de vidas, como las 75 muertes registradas en los Alpes Europeos durante enero – febrero de 1999. Los daños de las avalanchas pueden ser importantes, alcanzando un billón de francos en Suiza durante el pasado invierno.

Fuegos

Los fuegos silvestres han creado problemas regionales significativos tales como el ocurrido en 1994, cuando el fuego arrasó más de 5 millones de hectáreas de vegetación, plantaciones y bosques en Indonesia, generando una densa bruma que afectó severamente a Malasia, Singapur y Brunei. Recientemente fuertes fuegos forestales causaron grandes pérdidas en Centro América.

A los desastres naturales debe sumarse la migración de poblaciones que utilizan técnicas agrícolas muy agresivas, como la tala y quema de la vegetación en tierras frágiles. Cuando los recursos del terreno se agotan, los colonos simplemente cambian de lugar para reanudar el proceso. La gravedad del problema es tal que en ciudades brasileñas como Cuiabá y Río Braco, el humo de los fuegos a veces impide la visibilidad en las calles.

Cronología 1980 – 93

Desastres naturales en Latino América y el Caribe

Año

País

Desastre

Población afectada

1980 Haití Huracán (Allen) 330,000
1980 México Erupción volcánica 60,000
1985 Chile Terremoto 1’000,000
1985 México Terremoto 60,000
1985 Colombia Erupción volcánica 200,000
1986 El Salvador Terremoto 500,000
1987 Ecuador Terremoto 150,000
1987 República Dominicana Huracán (Emily) 50,000
1988 Brasil Inundación 108,000
1988 Jamaica Huracán (Gilbert) 500,000
1988 México Huracán (Gilbert) 200,000
1988 Nicaragua Huracán (Joan) 185,000
1989 Antigua, Guadalupe, Montserrat, Puerto Rico, St. Kitts y Nevis, U.S.A., U.S. Islas Vírgenes Huracán (Hugo) 220,000
1990 Perú Terremoto 130,000
1991 Costa Rica Terremoto 19,700
1992 Nicaragua Tsunami 13,500
1993 Honduras Tormenta Tropical (Gert) 11,000

Peligro, vulnerabilidad, riesgo de las poblaciones

No todas las manifestaciones violentas de la naturaleza –terremotos, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones- necesariamente devienen en desastres. Cuando un desastre ocurre no es siempre el resultado exclusivo del peligro natural por sí mismo. Lo que los seres humanos hacen o dejan de hacer es un factor clave. Consecuentemente, el grado de peligro al cual se expone un país o un grupo poblacional, cuando confronta los efectos de un fenómeno natural violento, depende principalmente de dos factores: el peligro en sí mismo y la vulnerabilidad del grupo expuesto.

La vulnerabilidad de un edificio, una población o un país es medida por el cuán susceptible al daño ó pérdida se muestra en el enfrentamiento del peligro. De este modo, el factor de riesgo es calculado por la medición de la ocurrencia probable de un peligro natural de cierta intensidad contra la vulnerabilidad de los elementos expuestos. Por ejemplo, un edificio está en riesgo durante un terremoto, cuando:

a) el terremoto (peligro) es suficientemente fuerte para dañar o destruir el edificio y

b) las técnicas de construcción sismo-resistentes no son usadas (vulnerabilidad) en el diseño y construcción del edificio

El riesgo no es un concepto abstracto; es concreto y mensurable. Muchos países y comunidades han diseñado mapas para ilustrar el grado de riesgo, demarcando las áreas de mayor probabilidad de ocurrencia de un evento de cierta magnitud y también la infraestructura vulnerable en tales áreas.

En tanto el riesgo es concreto y mensurable, es también relativo y depende del cómo las comunidades lo ven. Las personas constantemente tratan de disminuir su vulnerabilidad al peligro, mientras mantienen un balance entre el riesgo y los beneficios asociados a él. Por ejemplo, vivir cerca de un volcán presenta la amenaza de una erupción, pero de otra parte provee la ventaja de tierras fértiles para la agricultura.

Existe una estrecha relación entre vulnerabilidad a desastres y desarrollo socioeconómico. Por ejemplo, la tasa acelerada de urbanización en Latino América contribuye a su vulnerabilidad y también conduce a la degradación ambiental y la pobreza, la que a su vez lleva a la adopción de técnicas constructivas inapropiadas. Otros factores tales como el crecimiento poblacional y los bajos niveles de educación se relacionan cercanamente al problema de la vulnerabilidad.

Modernamente la sustentabilidad ambiental, la sostenibilidad social y la capacidad de respuesta y absorción de impactos por las economías afectadas se han puesto en evidencia.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), los desastres acarrean tres tipos de repercusiones económicas: efectos directos sobre la propiedad, efectos indirectos causados por las pérdidas en la producción económica y los servicios, y efectos secundarios que se manifiestan después del desastre, con la renta nacional reducida, la inflación incrementada, los problemas del comercio extranjero, el incremento de los gastos públicos, el déficit fiscal resultante y la reducción de las reservas monetarias.

Las pérdidas económicas causadas por un desastre de gran magnitud frecuentemente exceden el ingreso bruto anual de un país. No es sorpresivo entonces que estos eventos puedan paralizar a los países afectados y causar disturbios sociales y políticos. El Banco Mundial ha estimado que en los países en desarrollo, la pérdida económica debida a desastres, como porcentaje del producto doméstico bruto (GDP), es 20 veces mayor que en los países industrializados.

Las naciones incrementan sus capacidades y decrementan sus vulnerabilidades a través del desarrollo. Los gobiernos utilizan la planificación del desarrollo para trazar las rutas económicas y sociales de la acción de la comunidad. El concepto de desarrollo sostenible es ampliamente reconocido por agencias internacionales y gobiernos, no obstante su definición no resulta universalmente aceptada. El desarrollo sostenible es el resultado de la planificación consciente, que incorpora consideraciones de riesgo de desastres (reduciendo peligros y vulnerabilidad), así como estrategias diseñadas para la protección del ambiente y el mejoramiento del crecimiento económico, los niveles de educación y las condiciones de vida de toda la población.

Los desastres naturales en Latino América y el Caribe han mostrado invariablemente que las poblaciones de bajos ingresos y pobre calidad de vivienda sufren desproporcionadamente ante el golpe del desastre. Los pobres, con más bajos niveles de educación, frecuentemente viven en asentamientos improvisados en localidades altamente vulnerables, tales como tugurios en las pendientes peligrosas de las colinas de Río de Janeiro, las cuestas de volcanes o en los bancos de los ríos. En los períodos de sequías, los más afectados son aquellos que no pueden adquirir comida. Más frecuentemente, el hambre resulta de la falta de dinero para comprar alimentos, más que de la falta de comida en sí misma. La pobreza es también la principal causa de las migraciones internas e internacionales, lo que demanda asistencia inmediata, así como esfuerzos de desarrollo a largo plazo. Un estudio de UNDRO (1998) estimó que el 95% de las muertes causadas por desastres ocurren en el 66% de la población de los países más pobres del mundo.

Un desastre no solamente extenúa las fuentes de ingreso de los afectados, sino que impide los gastos de compras de materiales para la reconstrucción. Ello acelera el ciclo de la pobreza, el cual, a su vez, eleva la vulnerabilidad a los desastres.

El tipo de construcción, así como la densidad de la población en las áreas de mayor peligro, incrementa la vulnerabilidad. Se estima que casi el 90% de las víctimas de terremotos son heridas por el colapso de los edificios, como el caso de Nicaragua en 1972 y de Guatemala en 1976. La misma situación ocurrió en Dominica en 1979 y en Montserrat en 1989, donde un estimado del 90% de la vivienda que se derrumbó, se debió al incumplimiento de los códigos de resistencia al viento y los huracanes.

Muchas antiguas construcciones en Latino América, tanto de viviendas como instituciones, fueron erigidas en adobe y albañilería no reforzada. Las casas de adobe no resisten los terremotos del mismo modo que las estructuras de madera, las que son más ligeras y flexibles. El peso de los techos de tejas de arcilla de muchas de estas estructuras también contribuye a su inestabilidad, como fue el caso del terremoto en Guatemala, donde muchos murieron como resultado del derrumbe de los edificios.

El ambiente alrededor de los asentamientos humanos contribuye a los desastres. En algunos casos, estos ambientes no pueden ser modificados y la gente debe aprender a adaptarse a evitar las serias consecuencias inherentes a la ubicación. Por ejemplo, el tipo de suelo es un factor determinante para explicar por qué los terremotos causan más daño en algunos lugares que en otros.

En otros casos, las tentativas del hombre de modificar sus alrededores contribuye a incentivar las situaciones de desastre. La deforestación, la degradación ambiental y el uso irracional de las tierras crean condiciones precarias que multiplican los efectos de los desastres.

Los riesgos imponen desafíos al concepto de sostenibilidad urbana. Los peligros han probado ser catalíticos para los cambios en grandes ciudades del pasado y lo probarán de nuevo en el futuro. Aun más, los peligros actúan diversificando tanto el tejido del ambiente construido, como la experiencia de los residentes urbanos y la flexibilidad de las instituciones, por todo lo cual se enriquece la capacidad de las ciudades para relacionarse con una variedad de futuros problemas. De igual modo, los peligros proveen a los residentes urbanos de valiosas lecciones para encarar las contingencias, una condición que en si misma está constituyéndose en una característica central de la gobernabilidad urbana contemporánea.


Medidas de enfrentamiento al desastre

Los desastres naturales generalmente tienen un fuerte impacto negativo sobre la calidad de vida en las comunidades afectadas. Las víctimas humanas, los daños a la infraestructura, cosechas, viviendas, fábricas y la interrupción del funcionamiento de la vida diaria resultan efectos de esos fenómenos. La vulnerabilidad convierte en imperativo la integración de los conceptos de prevención de desastres con la planificación nacional y local.

La gestión de desastres naturales constituye el proceso de anticipar y planificar para enfrentar los daños que un desastre natural importante podría eventualmente crear. Constituye una cadena ininterrumpida de acciones concertadas que involucran la respuesta al desastre, el alivio y la rehabilitación, la reconstrucción, la reducción del riesgo, la mitigación, la preparación y –si resulta posible- el aviso temprano. La preparación para desastres y la mitigación constituyen dos de las más importantes actividades de la gestión de desastres.

La preparación de un "Plan Maestro de Desastres" en áreas urbanas es el paso más esencial hacia la mitigación del riesgo. Para la preparación propia y racional de respuesta al desastre y los planes de gestión, los prerequisitos elementales resultan los escenarios realistas de desastres.

Las actividades humanas diarias pueden sostener las consecuencias adversas que frecuentemente califican como "desastres naturales". Se conoce que muchos proyectos de desarrollo actualmente incrementan la vulnerabilidad o aceleran la aparición de un fenómeno natural dañino, pero de otra parte ellos presentan una oportunidad para reducir asimismo el riesgo. En toda decisión, no debería perderse la visión del hecho de que las estrategias para la reconstrucción después de un desastre deberían incorporar medidas de prevención e integrar la reducción del riesgo dentro de los procesos de desarrollo.

Se debe sobre todo levantar una cultura de reacción o una cultura de prevención. La comunidad responde a los desastres, pero la tarea más importante a mediano y largo plazo en primer lugar es intensificar y ampliar los programas que reducen el número y costo de los desastres.

La prevención no es sólo más humana que la cura, sino más barata. Reducción y alivio de desastres son complementarios, y aun bastante diferentes. Cada uno es vital. Ninguno debería ser supeditado al otro.

El aviso temprano es crítico, pero su alcance será pequeño a menos que se use para un esfuerzo combinado de todos los sectores para la previsión y la construcción de capacidades de rápida respuesta al nivel local. Y si debe conseguirse progreso real, se necesitaría una mejor comprensión de los requerimientos científico – técnicos de la prevención y su aplicación irrestricta a las políticas de desarrollo, viviendas y uso de la tierra.

Se han señalado distintas medidas para diferenciadas áreas de impacto de los desastres:

  1. Efectos sobre el desarrollo: ajuste o mejora de la metodología para valorar el impacto macroeconómico
  2. En el sector vivienda: considerar explícitamente no solo los distintos tipos de vivienda afectada y los programas diferenciales de reparación /reposición /reconstrucción que puedan requerirse, sino contextualizarlos en la situación preexistente (de déficit crónico que suelen tener los países en esa materia)
  3. La valoración de los "aspectos sociales": el impacto de un desastre en el "tejido social" y su efecto en las relaciones interpersonales, intergrupales y de organización comunitaria
  4. La cuestión de los costos /valor de las vidas perdidas: pérdida de ingresos y valoración actuarial al menos a título indicativo
  5. Las etapas de un desastre, su naturaleza y el contexto en que ocurre.

Para el caso de terremotos debe proveerse un seguro, códigos de construcción y normas, remedios y retroajustes, demolición de estructuras peligrosas, relocalizaciones, criterios de asentamiento y uso de la tierra, entrenamiento y ejercicios. En algunas pocas regiones, no obstante, útiles sistemas de aviso temprano son posibles para la aproximación de las ondas sísmicas desde distantes terremotos. Su efectividad es dependiente de una infraestructura con sismógrafos muy rápidos y comunicaciones computadorizadas capaces de diseminar información anticipadamente acerca de la llegada de ondas superficiales y cortantes peligrosas.

Para el caso de volcanes deben mitigarse los efectos adversos de las erupciones, de modo que la sociedad pueda continuar beneficiándose de los productos del vulcanismo tales como suelos fértiles, acceso a energía geotérmica y materia prima industrial. La mitigación de los impactos adversos de las erupciones volcánicas requiere mejorar la capacidad de predecir tales eventos y proveer tempranos avisos de aquellos potencialmente desastrosos. También requiere que los decisores y el público general adquieran la mejor información posible sobre volcanes de alto riesgo, afronten decisiones sobre planeación del uso de la tierra y seguridad pública.

Para el caso de tsunamis los esfuerzos de mitigación y preparación deben desarrollarse sobre la provisión de tempranos avisos.

Para el caso de ciclones deben continuarse las inversiones en redes observacionales de superficie y espaciales, telecomunicaciones y sistemas computadorizados, así como predicciones numéricas del tiempo junto a las investigaciones científicas, en tanto el énfasis del desarrollo será puesto en el enriquecimiento de la prevención pública y el entendimiento del peligro, avisos tempranos y acciones de mitigación y preparación.

Para el caso del mar de leva, la mitigación y preparación involucra una combinación de medidas que incluyen evaluación de riesgo, iniciativas de reducción de la vulnerabilidad, provisión de avisos tempranos de eventos de olas inminentes y planeación de la evacuación para sacar personas de las áreas bajas expuestas.

Para el caso de inundaciones, la gestión de amplias cuencas y aguas debe ser incrementada en todo el mundo para mitigar y reducir vulnerabilidad. Estructuras de protección contra inundaciones proveerán beneficios reales, pero también pueden incrementar la vulnerabilidad al abarcar desarrollos imprudentes. El suministro de avisos tempranos constituye una contribución fundamental a la preparación y mitigación salvando muchas vidas durante la última década.

Para el caso de tornados se ha contado con mejorías en la comprensión científica de la formación de tormentas severas, en la tecnología observacional y en la preparación y comunicación de avisos, junto a una prevención pública exitosa e intensa y a programas de preparación, lo que ha conducido a la reducción de muertes. De este modo, no obstante el incremento reportado en el número de tornados y daños a la propiedad en los últimos años en Estados Unidos, las víctimas fatales se han reducido.

Para el caso de sequías las medidas incluyen el uso de registros climáticos históricos y del conocimiento técnico y científico como base para la evaluación de riesgo y zonificación, planeación del uso de la tierra, selección de prácticas agrícolas apropiadas, diseño de sistemas de almacenamiento y de distribución de agua y el desarrollo de esquemas de seguros y otras políticas realistas de preparación de desastres. Medidas más inmediatas de preparación y mitigación de desastres resultan el monitoreo sistemático de los sistemas hidrológicos y climáticos para procurar aviso temprano de sequías en desarrollo.

Para el caso de tormentas de arena y polvo, los avisos tempranos son críticos para la preparación a tiempo contra eventos desastrosos. Medidas de prevención a más largo plazo serían la siembra de árboles y cubierta vegetal, modificación de las prácticas agrícolas e iniciativas de educación pública.

Para el caso de deslizamientos, la mitigación de impactos reclama evaluación del peligro y la vulnerabilidad y la implementación de las políticas y estrategias de gestión del riesgo, incluyendo campañas de prevención pública, planeación y regulaciones del desarrollo, confección de códigos y normativas.

Para el caso de avalanchas, las medidas efectivas de prevención para reducir vulnerabilidad a largo plazo incluyen la mapificación del peligro, la planificación del uso de la tierra, el desarrollo de bosques protectores e instalación de estructuras protectoras. Las medidas a corto plazo incluyen el pronóstico, el aspecto de avisos, la liberación artificial de masas de nieve, cierre de carreteras y vías férreas y evacuaciones.

Para el caso de fuegos silvestres de elevado riesgo, la provisión de avisos tempranos y las predicciones a corto plazo de la conducta del fuego es críticamente dependiente de la existencia de redes observacionales de superficie y del espacio, telecomunicaciones confiables y especialistas meteorológicos y forestales bien entrenados.


Salud y Vivienda

La reducción de vulnerabilidad, aviso y acción ante el peligro y la prevención en salud resultan las herramientas esenciales de enfrentamiento a los desastres naturales. En esta dirección los servicios asistenciales primarios y secundarios de salud deben estar listos para atender el primer impacto, los masivos politraumatismos asociados a los desplomes totales o parciales de las viviendas, así como las quemaduras que pueden inflingir los fuegos asociados y las asfixias también por inundaciones. En segundo lugar las secuelas, la suspensión de servicios comunales como el abasto de agua, la exposición al intemperismo por alojamiento en viviendas temporales inapropiadas, la proliferación de vectores en un hábitat perturbado, la contaminación de los alimentos pueden conducir a la aparición de brotes de enfermedades diarréicas, respiratorias y en general la elevación de las incidencias de diversas enfermedades transmisibles, a las cuales los servicios de salud deben enfrentar con medidas sistemáticas de control, saneamiento básico y prevención, como por ejemplo programas emergentes de vacunación. En tercer lugar, y no menos importante, el impacto psicológico y social del desastre, dado en las pérdidas de vidas, bienes materiales y fuentes de recursos, incluido el trabajo, con el incremento sensible de las tasas de afecciones nerviosas y psiquiátricas, no debe ser omitido por los servicios asistenciales de salud.

Si las autoridades de la comunidad tuvieran que priorizar una línea de acción ante los desastres, deberían considerar la protección especial de estructuras vitales como hospitales, viales y puentes. Pero, ¿qué podría decirse con relación a las medidas para proteger las viviendas individuales?.

Las viviendas de bajo costo en zonas urbanas, en áreas proclives a desastres, frecuentemente enfrentan el riesgo de catástrofes debido a su inadecuada ubicación y/o construcción. Los códigos de construcción deben ser observados. Los proyectos de vivienda o infraestructura, elaborados de acuerdo con los códigos de seguridad constructiva, resultan menos vulnerables debido a que ellos han sido diseñados para resistir mejor el impacto de los desastres. Los códigos de construcción que toman en cuenta los desastres resultan un importante comienzo, pero no es suficiente: los constructores pueden ignorar los códigos, las compañías de seguros no siempre proveen incentivos para construir con seguridad y las viviendas establecidas frecuentemente han sido erigidas sin considerar la posibilidad de desastres. Aun más, los códigos de construcción son corrientemente demasiado complicados para casas "sin ingeniería".

El problema con las edificaciones de adobe, cuando están sometidas a sismos, se debe a su construcción "no ingenieril", las limitaciones inherentes al material, las paredes masivas todavía frágiles y no resistentes, los defectos de configuración que complican el problema, tales como largas paredes sin soportes transversales, altura excesiva de la pared al techo, inapropiadas junturas pared a pared y pared a techo y cimientos en suelos blandos. Las investigaciones en construcción de viviendas de adobe en Perú, por ejemplo, reclaman una mejoría del desempeño de las antiguas y nuevas casas ante futuros eventos sísmicos.

Un modo de implementar vivienda segura a bajo costo es a través del retroajuste (reajustar la edificación ya construida para hacerla más resistente a los vientos, la ceniza, los temblores, etc.)

Mucho de lo que es reconstrucción en el sector informal de la vivienda carece de "ingeniería", es llevado a cabo por albañiles, trabajadores no calificados, contratistas no importantes y los propios residentes. Considerando el hecho de que esta forma de construcción continuará para constituir la modalidad prevalente de construcción en las áreas emergentes, se ha efectuado un trabajo considerable en el área de construcción antisísmica "no ingenieril".

La seguridad de las edificaciones "no ingenieriles" en áreas urbanas puede ser implementada principalmente en dos vertientes: la primera, incorporando los principios básicos de la construcción antisísmica "no ingenieril" en las nuevas edificaciones y la segunda, por retroajuste y fortalecimiento de las viviendas existentes.

De acuerdo a un estimado grueso, en una ciudad como Delhi, más de 600,000 viviendas resultan estructuras "no ingenieriles" y requerirían retroajuste para implementar la seguridad sísmica y satisfacer los requerimientos de la zona sísmica IV en la India.

Existen experiencias de pequeña escala, en las Antillas Menores, de la aplicación de la práctica de retroajuste para fortalecer viviendas de bajo costo ante los embates de los vientos huracanados.

Pero mirando la magnitud de la tarea, la efectividad de los modos convencionales de reforzamiento por reglamento de las edificaciones presenta limitaciones en el caso de los asentamientos informales. Aún en los barrios formales, donde las edificaciones son reforzadas por reglamento, la flaqueza de la maquinaria gubernamental y los altos niveles de corrupción en algunos países no han ofrecido resultados adecuados.

Un nuevo problema a considerar, ante el peligro de la destrucción de las viviendas, es la necesidad de muchas familias de acoplarse a otras para residir en un nuevo domicilio o adaptar su modo de vida a domicilios temporales, los cuales poseen en alguna medida características precarias. La falta de recursos para el cambio hacia viviendas estables tiende a perpetuar las limitaciones y dificultades de las viviendas y de los asentamientos temporales. Entre las primeras demandas a observar en las viviendas temporales se cuenta la incorporación de servicios de saneamiento básico y atención médica a las comunidades afectadas.


Eslogan

Los riesgos naturales, los cuales forman parte de nuestro ambiente, no serán por más tiempo desastres importantes cuando sean tomadas medidas apropiadas para anticipar y reducir su impacto.


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