| Evaluación de Riesgos Ambientales |
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ANEXO 5. Evaluación de la exposición a través del agua potable En esta sección se describe un método para evaluar la exposición de los seres humanos a las sustancias presentes en el agua potable. Cuando se evalúa la exposición humana a través del agua potable, se deben considerar cuatro medios principales: el suelo, el agua superficial, las aguas subterráneas y el agua potable; estos medios se han designado con los recuadros A, B, C y D en el diagrama de flujo (figura A5.1). El primer paso (recuadro 1) consiste en identificar las propiedades fisicoquímicas de la sustancia que pueden influir en su distribución y estabilidad en el agua potable. Esta información puede incluir la presión de vapor, la solubilidad, el coeficiente de partición n-octanol-agua, la capacidad de unirse al suelo, etc., por otros mecanismos, su fotolabilidad, estabilidad hidrolítica, etc. (véanse los Anexos 2 y 4). Las rutas posibles de movilidad de la sustancia hacia el suelo y el agua superficial (recuadro 2) se pueden evaluar a partir de los datos de las características de uso, el número y los tipos de fuentes puntuales (incluidos los desechos), las fuentes dispersas, la deposición atmosférica y la degradación por fotólisis e hidrólisis antes de la deposición. Las rutas directas de la sustancia hacia el agua superficial (sin entrar primero al suelo) serían la deposición atmosférica y las descargas directas de líquidos o sólidos. Una vez que una sustancia ha entrado en el suelo, se deben tener en cuenta sus propiedades físicas que pueden influir en su destino y comportamiento en el suelo (véase la sección 3.4) (recuadro 3), en particular la degradación/disipación y la movilidad, junto con las propiedades del suelo mismo, tales como contenido de arcilla, contenido de materia orgánica, pH y, también, los factores climáticos de la zona en particular, los que pueden variar según la estación e influir en el contenido de humedad y en la temperatura del suelo. Antes de los estudios de campo, se pueden realizar estudios de laboratorio. Se deben evaluar las vías por las cuales la sustancia y sus productos de degradación pueden llegar hasta el agua superficial del suelo (recuadro 4), incluyendo la escorrentía (disueltos en agua y por erosión) y el transporte horizontal a través del suelo, por ejemplo, el flujo por los macroporos a través de las grietas. Cuando una sustancia potencialmente tóxica llega hasta el agua superficial, se deben considerar los factores que pueden influir en su distribución (recuadro 5). Éstos incluyen advección (movimiento horizontal), sedimentación, y unión con el sedimento, resuspensión, hidrólisis, volatilización, fotodegradación y biodegradación (véase la sección 3.1). Una sustancia puede llegar hasta las aguas subterráneas por transporte vertical, a través de la zona no saturada del suelo, mediante mecanismos como lixiviación clásica y flujo por los macroporos a través de las grietas (recuadro 6). También se deben evaluar todos los productos de degradación que tengan importancia. Para calcular el transporte a través de la zona no saturada del suelo (recuadro 7), se pueden emplear modelos, lisímetros o estudios de campo. En cuanto a las aguas subterráneas, se debe hacer una evaluación de la dilución probable, la transformación (por ejemplo, hidrólisis) y la sorción en la zona saturada. Una vez que se han evaluado las concentraciones probables de una sustancia en el agua superficial y las aguas subterráneas, se efectúa una evaluación de riesgos del caso hipotético más desfavorable (suponiendo que el agua ya no se purifica antes de convertirse en agua potable) (recuadros 9a y 9b). Mediante la concentración prevista en el agua potable (CDW), se calcula una dosis diaria en los seres humanos (mg/ kg de peso corporal) suponiendo un peso corporal característico de 60 kg y una ingesta diaria promedio de agua de 2 litros. Por lo tanto, Dosis diaria (mg/kg de pc) = CDW (en mg/l) x 2 En esta etapa se deben considerar los límites legislativos. Posiblemente, se requiera adoptar medidas para reducir los niveles de la sustancia en el agua superficial y las aguas subterráneas. Para efectuar una evaluación aún más exacta, se deben considerar los procesos de purificación de las aguas subterráneas y el agua superficial para producir agua potable, según corresponda (recuadros 10a y 10b). Esto puede dar lugar a una reducción de la CDW. Se debe evaluar cualquier producto que se forme durante el proceso de purificación, en particular, durante la cloración (por ejemplo la cloración de derivados del anisol y fenol) y la ozonólisis (recuadros 11a y 11b). También se debe considerar cualquier otro procedimiento para eliminar compuestos químicos durante el proceso de purificación, como por ejemplo, el uso de filtros de carbón activado (recuadros 12a y 12b). En el caso de las aguas subterráneas, se debe considerar cualquier técnica especial de remediación (recuadro 13). El esquema presenta el monitoreo del agua potable (recuadro 14) como la etapa final del proceso. Si después de una evaluación de riesgos de las concentraciones observadas, se espera una contaminación significativa en el agua potable, el monitoreo se debe efectuar de inmediato, ya que los resultados pueden indicar que, en las etapas previas, es necesario adoptar medidas adicionales. Esto también sería necesario si se sobrepasa un límite legislativo, independientemente del proceso de evaluación de riesgos (recuadro 15 ). |