Objetivos de aprendizaje | Introducción | Aspectos generales |Efecto de los plaguicidas en el hombre y el ambiente | Referencias
Al concluir esta unidad, se espera que usted esté en capacidad de:
Al iniciar el estudio del curso sobre intoxicaciones por plaguicidas, es importante que usted maneje con precisión las definiciones, conceptos y terminología básica, que se le presentarán de manera secuencial a medida que avance en la materia. En esta primera unidad usted conocerá los aspectos generales sobre plaguicidas, lo cual le facilitará la comprensión de las unidades siguientes. II. Aspectos generales A. ¿Qué son los plaguicidas?
El término plaguicida incluye también los siguientes tipos de sustancias:
Las preparaciones de plaguicidas incluyen, además del principio activo:
B. Clasificación de los plaguicidas Es importante que usted conozca las tres formas de clasificar los plaguicidas. Estas son:
1. Clasificación de los plaguicidas según el organismo que interesa controlar
2. Clasificación de los plaguicidas según el grupo químico
3. Clasificación según la toxicidad aguda La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado - sujeta a actualizaciones periódicas - una clasificación de plaguicidas según el grado de peligrosidad, entendiendo ésta como su capacidad de producir daño agudo a la salud cuando se dan una o múltiples exposiciones en un tiempo relativamente corto (2). La clasificación distingue entre:
Esta clasificación se basa en la dosis letal media (DL50) aguda, por vía oral o dérmica en ratas (Ver Cuadro 1). Cuadro 1. Clasificación de los plaguicidas según peligrosidad
* Estado físico del ingrediente o formulación que se clasifica.
Un plaguicida es ubicado en la clase más estricta cuando:
En algunos casos especiales, como sucede con las preparaciones de aerosoles o fumigantes gaseosos o volátiles (acrilonitrilo, fosfinas, bromuro de metilo, etc.), los valores de DL50 oral y dérmica no deben emplearse como base de clasificación, siendo necesario, por lo tanto, utilizar otros criterios tales como los niveles de concentración en el aire. En el Reino Unido se ha propuesto una clasificación basada en la inhalación del producto por las ratas, durante cuatro horas de exposición, de la concentración letal media (DL50), para los plaguicidas que se presentan en forma de gas y de material particulado cuyo diámetro no exceda de 50 micras (3). Toxicidad de los plaguicidas por grado de inhalación
Fuente: Ministry of Agriculture, Fisheries and Food, Pesticides Branch. Pesticides Safety Precautions Scheme. London, United Kingdom, Ministry of Agriculture, 1979. La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (E.E.U.U. EPA) utiliza la siguiente clasificación, en la cual se tiene en cuenta la DL50 para las vías oral, dérmica e inhalatoria y los efectos oculares y dérmicos: Clasificación de toxicidad de la EPA/E.E.U.U.
Fuente: British Crop Protection Council. The Pesticide Manual. 10 Ed. Royal Society of Chemistry. 1994. C. Diferentes usos de los plaguicidas Los plaguicidas tienen diversos usos; en esta sección describiremos las características y particularidades de cada uno de ellos: 1. Uso en actividades agrícolas Se estima que en la actualidad aproximadamente el 85% de los plaguicidas empleados en el mundo se dedica al sector agropecuario. Los países desarrollados tienen pérdidas de cosechas en cifras que van desde el 10% hasta el 30%, mientras que en los países en vías de desarrollo las pérdidas alcanzan cifras entre el 40% y el 75% (4, 5, 6). Los siguientes datos revelan cómo se distribuye el uso de los plaguicidas en los diferentes cultivos en el ámbito mundial.
Hace algunos años cerca del 85% de los plaguicidas utilizados en Centroamérica habían tenido como objetivo los cultivos de algodón (7). Actualmente, el uso principal de los plaguicidas en estos países está dirigido al cultivo de banano, café, caña de azúcar, hortalizas, plantas ornamentales y granos básicos. 2. Uso en actividades pecuarias La existencia de numerosas especies de ecto y endoparásitos de gran impacto sanitario y económico, ha motivado el uso de plaguicidas en el campo pecuario como antiparasitarios internos y externos. Entre los antiparasitarios externos encontramos los garrapaticidas, antimiásicos, antisárnicos y piojicidas; y entre los endoparasitarios, los antihelmínticos, que también actúan contra las moscas y otros artrópodos. 3. Uso en actividades de salud pública Entre las enfermedades que representan un serio problema de salud pública en los países de América Latina y el Caribe merecen destacarse: la malaria, la enfermedad de Chagas y otras tripanosomiasis, el dengue, la oncocercosis, la filariasis, la esquistosomiasis, la leishmaniasis y la fiebre amarilla. Estas enfermedades son transmitidas por vectores o por medio de huéspedes intermedios. Para controlarlas, la mayor parte de los programas sanitarios de lucha antivectorial, utilizan plaguicidas. Aproximadamente el 10% de los plaguicidas utilizados en el mundo se dedican a este fin. El control biológico que también puede usarse para vectores (8, 9), ha tenido poco desarrollo en el Istmo Centroamericano. En el Cuadro 2, a modo de ejemplo, se presentan los insecticidas más utilizados en las campañas de salud pública en países de Centroamérica.
En América Latina una parte importante de los insecticidas que se usan para fines de salud pública siguen siendo organoclorados, particularmente el DDT, y aunque su uso con fines agrícolas esté prohibido o severamente restringido, en algunos países se mantiene su aprobación para las campañas de salud pública. Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) mostró que la mayor demanda de plaguicidas para el control de vectores de enfermedades de importancia en salud pública en áreas urbanas, fue la de insecticidas en las formas de concentrado emulsionable o concentrados de volumen ultra bajo (10). En estas áreas los organoclorados han sido progresivamente reemplazados por piretrinas, piretroides y organofosforados (clorpirifos, diclorvos, fenitrotión, fentión, malatión y temefós) (11). Cuadro 2. Insecticidas utilizados en campañas de salud pública en países de Centroamérica
4. Empleo en actividades domésticas, edificaciones, medios de transporte y servicios de uso público En estas áreas, las plagas que provocan mayor preocupación son las cucarachas, las moscas y los mosquitos, ya que son transmisores de agentes patógenos para el hombre y otros vertebrados. Por ejemplo, la mosca doméstica recoge y porta muchos agentes patógenos (virus, bacterias, protozoarios, huevos y quistes de helmintos), participando en la transmisión de enfermedades como la disentería, la diarrea, la tifoidea, las intoxicaciones alimentarias y la helmintiasis. Además ha sido señalada como transmisora de la poliomielitis y de algunas enfermedades cutáneas y oculares (12). En los aviones, el transporte potencial de vectores que causan enfermedades a los seres humanos ha sido motivo de constante preocupación. Para las aeronaves, actualmente se recomienda el uso de permetrina, aplicada sin la tripulación, los pasajeros o los alimentos (13). D. Producción y comercialización de plaguicidas Las cifras de producción global de plaguicidas, en términos de ventas, son más abundantes que las referidas a peso o volumen de ingredientes activos. En el año 1970 la comercialización en el ámbito mundial alcanzó la cifra de US$ 2.700 millones, en 1985 de US$ 15.900 millones, en 1990 se estimaron en US$ 21.500 millones y en 1996 llegaron a US$ 30.560 millones (14, 15, 16). Aún teniendo en cuenta factores como la inflación y la conversión monetaria, se estima que el crecimiento global de las ventas fue en 1996 de un 2.2%. En 1994 y 1995 este crecimiento había sido de 5.1% y 4.3%, respectivamente (47). América Latina tuvo en 1996 el mayor incremento en ventas: un aumento del 16% en dólares, equivalente a un tercio de todo el crecimiento de las ventas mundiales de plaguicidas. En esta Región las ventas representaron el 10.4% del total mundial (16). El uso de estos productos se ha generalizado a tal punto que su empleo en el mundo se incrementó de 1.5 de toneladas en 1970 a 3 millones en 1985 y se estima que en los próximos 10 años las ventas se duplicarán, con especial participación de los países en desarrollo. En 1996, 10 compañías controlaban el mercado mundial, vendiendo 83% del total, en US$ (ver Cuadro 3). Cuadro 3. Ventas mundiales de plaguicidas de las 10 principales compañías, 1996 Compañías US$ millones
Fuente: (17) En la actualidad existen en el mundo cerca de 1.500 ingredientes activos de plaguicidas y 60.000 preparados comerciales o formulaciones de los mismos. En todos los países de América Latina existen plantas formuladoras de plaguicidas en mayor o menor cantidad, e incluso en más de media docena de ellos se hace la síntesis del ingrediente activo. Sobresalen en este campo Guatemala y Costa Rica. Un hecho de especial importancia en el campo agronómico y toxicológico, verificado por medio de diferentes estudios, ha sido la comprobación de que con frecuencia la concentración del ingrediente activo indicada en la etiqueta del producto formulado no corresponde a la realidad, presentándose situaciones tanto por exceso como por defecto. Así mismo, se ha reportado la presencia de impurezas tóxicas que hacen que el producto final tenga una toxicidad diferente. E. Población expuesta y grado de exposición Un hecho muy importante de establecer para quienes se dedican al problema de las intoxicaciones por plaguicidas es aquél que se refiere a la población expuesta al riesgo. Conociendo esta información, los planificadores en salud orientarán las acciones preventivas o curativas hacia aquellos grupos de más alto riesgo o donde el impacto en la reducción del daño sea mayor. Se han agrupado a las personas que están expuestas a los plaguicidas en dos categorías amplias: los trabajadores expuestos según la ocupación que desempeñan y la población en general. 1. Trabajadores Desde el punto de vista laboral, existe una gran complejidad en los patrones de uso de los plaguicidas, a la vez que una gran variedad de formas e intensidades de exposición; sin embargo, es la población económicamente activa del sector agrario la que tiene una mayor exposición dado que allí se utiliza un 85% de los plaguicidas. En el ámbito ocupacional, los trabajadores tienen exposición a plaguicidas:
2. Población general El conocimiento e identificación de los grupos de población general en riesgo son importantes para el desarrollo de actividades preventivas; al definir cada grupo podrá usted determinar el tipo de medidas a recomendar y ejecutar. Los grupos son los siguientes:
Existen indicadores aplicables a ambos grupos de población expuesta que ayudan a aproximarse al grado de exposición. Estos indicadores son:
Si usted utiliza estos indicadores buscando la información en su país o región podrá programar mejor las actividades de tratamiento, pero éstas son sólo una parte, siendo indudablemente necesarias aquellas relacionadas con la prevención y educación. En el Cuadro 4 se presentan los plaguicidas utilizados según la comunidad en general y trabajadores agrarios en países de Centroamérica. Cuadro 4. Población, cantidad de plaguicidas utilizados en países de Centroamérica, 1999
* Observaciones: El 85% de Plaguicidas Importados se emplean en la agriculturaFuentes: Proyecto PLAGSALUD/OPS. Informes de Países Año 2000. PNUD/Comunidad Económica Europea. El Estado de la Región 1999.
Existen otros indicadores valiosos, aunque a veces son más difíciles de obtener de manera uniforme. Citamos a manera de ejemplo tres de ellos:
III. Efectos de los plaguicidas en el hombre y el ambiente A. Efectos de los plaguicidas en la salud Las tasas de morbilidad y mortalidad que se presentan en la población trabajadora y la comunidad en general debido al uso de plaguicidas, reflejan la relación entre el agente y la persona expuesta, pero además existe una interacción de otros factores que influyen en los niveles con que se da la patología. Tales factores son:
Debe tenerse en cuenta que si se desea profundizar en este tema, se encontrará que los datos disponibles son limitados para la gran mayoría de los plaguicidas existentes, o bien, que los datos que hay no son plenamente confiables. Esta situación se complica por el hecho de que los datos han sido obtenidos siguiendo métodos diferentes, lo que dificulta su comparación y no permite evaluar correctamente el impacto adverso de los plaguicidas sobre la salud. Considerando la toxicidad aguda y crónica reconocida ya en los plaguicidas, las cantidades crecientes que se utilizan, su amplia disponibilidad, y las condiciones precarias de su uso, sorprende la baja prioridad que los gobiernos han asignado a los estudios sobre los problemas que genera el uso de los plaguicidas y, a la vez, llama la atención la escasez de investigaciones que permitan analizar la situación por países o regiones. Frente a estos planteamientos y necesidades, todas las instituciones y sectores comprometidos en resolver el problema, deben aumentar sus esfuerzos para intervenir los factores de riesgo. Es importante destacar que los países centroamericanos han venido haciendo grandes esfuerzos para recopilar datos que permitan a sus gobiernos tomar decisiones y elaborar estrategias basadas en casos concretos sobre el efecto de los plaguicidas en la salud. Lamentablemente debemos reconocer que la escasez de datos epidemiológicos confiables se ha usado a menudo en los países de la Región para justificar la falta de acciones concretas y eficaces para prevenir las intoxicaciones. Sin embargo, pese a ello, no es razonable retardar más las decisiones sino que éstas deben tomarse con base en los conocimientos de que se disponga, sabiendo que, en todo caso, el problema será con seguridad mucho mayor de lo que dicen los datos o lo que es posible prever. Veamos ahora con cierto grado de detalles los efectos de los plaguicidas en la salud, desde cuatro puntos de vista:
1. Los efectos agudos y subregistro 1.1 Efectos agudos Según estimaciones hechas por organismos internacionales, el número de intoxicaciones ocupacionales por plaguicidas en países en vías de desarrollo asciende a 25 millones de casos cada año, a pesar de que estos países sólo utilizan la quinta parte del consumo mundial de plaguicidas. Esta cifra fue estimada teniendo en cuenta que 3% de los trabajadores agrícolas padecen un episodio de intoxicación cada año y que la población de agricultores asciende a 830 millones (18). Los efectos agudos serán desarrollados con mayor detenimiento en unidades posteriores. 1.2 Subregistro El problema de las intoxicaciones agudas en nuestros países es mucho más grave de lo que reflejan generalmente las estadísticas que se presentan, en las que es evidente el subregistro. Algunos de los factores que contribuyen a esta situación son:
Ejemplos del subregistro de la información se encuentran en estudios realizados en Costa Rica, Nicaragua y Panamá. En el primero, el Centro Nacional de Intoxicaciones (CNI) en el período 1978-1980 recopiló 423 intoxicaciones, cuando en un solo hospital (el de Guápiles, situado en la zona bananera) se reportaron 374 casos (88% de los informados al CNI en dos años) (19). En un estudio nicaragüense (1989), mediante la aplicación de una encuesta de subregistro de intoxicaciones en la Región de León, se encontró que se estarían reportando en promedio solo el 23% de los casos atendidos (20). Un informe más reciente indica que para 1994 todavía se encontraba un subregistro del 30% de las intoxicaciones en ocho departamentos (21). En Panamá, en el estudio de Patiño y colaboradores (22) se hizo una comparación de los datos obtenidos por ellos (306 casos en 8 de 10 provincias) con los datos registrados por la División de Epidemiología del Ministerio de Salud, encontrándose que este último registró sólo 201 casos en todo el país, lo cual sugiere un importante problema de subregistro. Además, luego de que el proyecto PLAGSALUD estableciera una boleta única de registro obligatorio en los centros de salud y hospitales de la provincia de Chiriquí, se registraron 221 casos de intoxicación aguda por plaguicidas solo en 1996, cifra muy por encima de los promedios anuales anteriores, sin que se haya aumentado el área sembrada o las importaciones de plaguicidas (23). 2. Intoxicaciones en trabajadores menores de edad Las grandes limitaciones de los sistemas de seguridad social en nuestra Región han traído como consecuencia la inevitable necesidad de vincular a los menores a la actividad laboral. El sector agrario no ha sido ajeno a esta situación y es así como en todos nuestros países encontramos niños y menores trabajando en diversas actividades agrícolas en procura de un ingreso que ayude a complementar, al menos en parte, los bajos salarios de sus padres en el campo. Diversos estudios hechos en la Región van mostrando que este grupo no es ajeno a los efectos nocivos de los plaguicidas:
3. Efectos a largo plazo El alto costo social derivado del empleo de los plaguicidas sintéticos continúa siendo uno de los temas mas controversiales a nivel de agricultura, medio ambiente y salud pública. Existen en los países menos desarrollados considerables motivos de inquietud acerca de los riesgos para la salud humana derivados del amplio uso de estos químicos. Además de las intoxicaciones agudas producidas por el empleo de plaguicidas, estas sustancias también pueden ocasionar efectos a largo plazo. Definimos los efectos a largo plazo como los procesos patológicos que se desarrollan en el organismo, generalmente por la exposición repetida a dosis bajas, independiente del período de latencia o de la intensidad de la exposición. Entre los principales efectos a largo plazo por el empleo de plaguicidas sintéticos que han sido demostrados hasta la fecha se encuentran los siguientes: 2 Se han registrado efectos en el sistema reproductivo de los animales hembra expuestos a la clordecona, el ritam y el ziram. 3 Algunos autores estiman que los plaguicidas con efectos mutagénicos en la actualidad llegan a 263 (Herrera et al, 1989) Los plaguicidas responsables de los trastornos del sistema inmunológico, alteran su estructura normal, perturban sus respuestas (alterando recuentos y funciones de los linfocitos T y neutrófilos) y reducen la resistencia a los antígenos y agentes infecciosos, de las personas expuestas. Además debe tenerse en cuenta que muchos de los expuestos a estos químicos en nuestros países son niños y personas mal nutridas, quienes ya tienen bajas sus defensas inmunitarias. De otra parte se ha demostrado que el Paraquat desrregula la actividad de los macrófogos aumentando la secreción de los radicales libres de oxígeno. Los estudios que se citan a continuación muestran algunos problemas a largo plazo que han venido apareciendo en los países del Istmo Centroamericano por el uso de plaguicidas.
Si bien es cierto los efectos a largo plazo no están aún bien cuantificados, es necesario reconocer que constituyen una permanente amenaza para el ser humano y su descendencia y que por lo tanto deben ser enfrentados en un futuro inmediato con medidas efectivas tales como:
4. Hallazgos en los sistemas de vigilancia epidemiológica El uso indiscriminado de los plaguicidas tal como lo venimos analizando, genera problemas en diversas áreas del quehacer humano y repercute en forma adversa principalmente en los ecosistemas y en la salud de las personas. La vigilancia epidemiológica, una de las aplicaciones más interesantes del método epidemiológico, es un instrumento que contribuye a atenuar, minimizar o controlar efectivamente, y con bases objetivas y científicas, un problema determinado de salud pública. Podemos entender como vigilancia epidemiológica al conjunto de actividades que permiten reunir la información indispensable para conocer las tendencias de la conducta y características de la enfermedad, detectar o prever cualquier cambio que pueda ocurrir por alteraciones en los factores condicionantes con el fin de recomendar oportunamente sobre bases firmes las medidas que conduzcan a la prevención y control de la enfermedad. Varios países de la Región han venido estableciendo, de acuerdo con los recursos disponibles, sistemas de vigilancia que les permitan no sólo detectar precozmente alteraciones en la salud de las personas expuestas a plaguicidas, sino lo que es más importante, tratar de controlar los factores de riesgo existentes mediante la aplicación de las medidas correctivas necesarias. Dentro de ellos sobresalen los sistemas dirigidos a poblaciones expuestas directa o indirectamente a plaguicidas inhibidores de las colinesterasas. Algunos de los resultados hasta ahora obtenidos son los siguientes:
B. Plaguicidas y alimentos 1. La contaminación de alimentos por residuos tóxicos de los plaguicidas En este punto usted podrá apreciar como la comunidad en general se expone continuamente a los plaguicidas debido a la contaminación de los alimentos con estos productos. Verá que además de la bioacumulación que causan algunos plaguicidas en la cadena alimentaria, existen otras formas de contaminación de los alimentos como las siguientes:
Así mismo se ha observado que bajo condiciones climáticas de sequedad y calor se pueden encontrar altos niveles de residuos de productos de transformación de ciertos plaguicidas no persistentes, como por ejemplo el paraoxón que se encontró en plantaciones donde se había aplicado paratión 28 días antes. Se puede afirmar que en la actualidad es frecuente identificar residuos de plaguicidas en los alimentos y en muchos casos se detectan concentraciones de éstos por encima de los límites de tolerancia recomendados por la FAO/OMS.
Por tal razón, usted y el personal de su servicio de salud necesitan reconocer que ésta es una realidad que podría estar afectando a la población que atienden y que por lo tanto hay que mantenerla presente para fines de diagnóstico de casos. A continuación se presentan estudios efectuados en diversos países, para determinar residuos de plaguicidas en algunos alimentos. a. Estudios en Costa Rica En 1981 la Oficina de Cooperación Técnica Alemana (GTZ) y la de Sanidad Vegetal, realizaron análisis de 105 muestras de productos alimenticios para detectar residuos de organoclorados, encontrando que 15 muestras tenían residuos más altos que los permitidos en la República Federal Alemana (33). En 1983 y 1984 se analizaron 51 muestras de leche humana provenientes de diferentes zonas de Costa Rica, hallándose residuos de DDT total en concentraciones promedio de 1.27 mg/kg en muestras provenientes de la costa atlántica y del pacífico y concentraciones menores en la región de la meseta central (34).
En otra investigación efectuada en 1987, fueron analizadas 35 muestras de leche de vaca provenientes del área del volcán Poás. Se detectaron residuos de organoclorados (alfa-HCH, Lindano, DDT, DDE y DDD), en el 80% de las muestras (35).
b. Estudios en Guatemala Existe en este país mucha información sobre residuos de plaguicidas organoclorados en leche humana. El primer estudio se realizó en 1971, encontrándose un nivel máximo de 12.2 mg/kg de DDT, que es casi 250 veces mayor que el nivel de 0,05 mg/kg en leche de vaca, aceptado por la FAO/OMS. En 1979 se prohibió por completo el uso agrícola del DDT en Guatemala y como consecuencia los niveles de concentración de residuos en la leche descendieron. En 1982 el nivel máximo fue de 3,37 mg/kg, que equivalía al 36% del valor máximo encontrado en 1974. Este valor es aún 70 veces mayor que el límite internacionalmente aceptado de 0,05 mg/kg (36). c. Estudios en Nicaragua En 1985-1986 dos laboratorios de la República Federal Alemana (RFA) tomaron muestras de peces del lago de Xolotlán y analizaron el hígado y filetes de 30 y 34 pescados, respectivamente. Los niveles encontrados de toxafeno en los hígados fueron entre 0.15 a 19.5 mg/kg y en los filetes se comprobó la presencia de este compuesto en 15 de las 34 muestras analizadas, sobrepasando el nivel permitido en la RFA, de 0,04 mg/kg (37). El Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos de Nicaragua hizo una determinación de residuos de plaguicidas organoclorados en leche materna y grasa corporal de mujeres que habitan en la cuenca del río Atoya, ubicado en el departamento de Chinandega, el cual es el departamento que reporta el mayor número de casos de intoxicación aguda y en donde se cultivó el algodón entre 1950 y 1970. Se analizaron 93 muestras de grasa abdominal y 210 de leche materna en el período comprendido de mayo de 1994 a febrero de 1995. En todas las muestras de encontró pp-DDE y en el 74% se encontró pp-DDT. Se detectaron dieldrin, endrin y heptacloro epóxido en el 20%, 9,4% y 8,9% del total de muestras, respectivamente (38). Una investigación realizada en 1997 por el Programa de Manejo de Plaguicidas (PROMAP-MARENA) para determinar los niveles de residuos de plaguicidas en alimentos frescos en varias regiones del país, encontró que el 45% de 218 muestras de tomate, sandía, repollo, chiltoma y lechuga tenían niveles por encima de los límites máximos de residuos. Los productos con mayores niveles fueron la lechuga (100%), el repollo (79.6%) y la chiltoma (41,4%) (39). d. Estudios en Panamá En el Centro de Investigación de Tecnología Nuclear de la Universidad de Panamá se realizó un estudio para determinar residuos de malation marcado con carbono-14 en maíz y frijol. Las semillas tratadas fueron almacenadas durante nueve meses y con el tiempo los residuos totales del plaguicida disminuyeron hasta en 53% para el frijol y en 68% para el maíz. Un hecho relevante fue que el 45% del residuo se encontró en el agua empleada para la cocción. Este hallazgo tiene gran importancia porque culturalmente nuestras comunidades consumen, especialmente en el caso del frijol, el caldo junto con los granos (40). En diciembre de 1987 se enviaron cinco muestras de leche materna de una región del país al laboratorio de Química Ecológica de la RFA, recibiéndose los resultados de cuatro muestras que se detallan a continuación:
Los residuos de plaguicidas encontrados en la leche materna sobrepasan los límites permitidos en la leche de vaca por las leyes de los E.E.U.U. y de la RFA (0.02 mg/kg). En ambos países sería prohibida la venta de leche con niveles tan altos de plaguicidas (41). En 1994 se realizó un muestreo y análisis de residuos de plaguicidas en alimentos cultivados en las provincias de Coclé, Chiriquí, Herrera, Los Santos y Veraguas. Se detectó que de las 229 muestras, 22 contenían residuos. De éstas, diez presentaban niveles que eran violatorios de las normas internacionales sobre clorotalonil, ditiocarbamatos, DDT, dieldrín, HCB, endosulfán, diazinón, clorpirifós, acefato, profenofos y metomil. Algunos de estos plaguicidas (DDT, dieldrín y HCB) están prohibidos en el país (42).
2. Riesgos de contaminación de alimentos para niños Debemos reconocer que los niños son más vulnerables que los adultos a los efectos tóxicos de los plaguicidas a causa de: a. Su inmadurez fisiológica. b. Por encontrarse en período de crecimiento. c. Porque proporcionalmente consumen más alimentos por peso corporal que los adultos, y porque entre los alimentos que más consumen sobresalen las frutas y verduras, las cuales contienen los más altos niveles de concentración de residuos de plaguicidas. En 1989, el Consejo de Defensa de Recursos Naturales (NRDC) de los E.E.U.U., al evaluar 23 plaguicidas, estimó que su exposición en los niños preescolares era cuatro veces mayor que en las mujeres adultas; para algunos plaguicidas, la exposición llegó a ser 10 a 18 veces más alta en los niños (44). El NRDC y la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los E.E.U.U. consideran que la exposición de niños preescolares a plaguicidas carcinogénicos, es totalmente inaceptable y representa un alto riesgo para la salud (44).
El NRDC también ha calculado que el 50% o más del riesgo de desarrollar cáncer durante la vida de una persona, se deriva del consumo de frutas contaminadas con ciertos plaguicidas carcinogénicos durante los cinco primeros años de vida (44). 3. Rechazo de alimentos de exportación Como usted podrá observar a través de esta lectura, el rechazo de productos de exportación por parte de los países desarrollados conlleva no sólo problemas de tipo económico en el precio del producto y cierre temporal de mercados, sino también de salud pública, pues en varias oportunidades se ha reportado la comercialización de los alimentos rechazados en el exterior, dentro del mismo país exportador. En Costa Rica durante el año fiscal de 1988, se informó de seis cargamentos de vegetales confiscados por la Food and Drug Administration (FDA), el organismo estadounidense encargado de la administración de alimentos y drogas, por contener residuos tóxicos en niveles más altos que los permitidos en el país importador o por carecer de tolerancias registradas (45). En el año fiscal de 1989 fueron 17 las detenciones de cargamentos de productos agrícolas provenientes de este país (46) y en 1990, 31 por detectárseles metamidofós (47). La detección de metamidofós, el monocrotofós, el clorotalonil y el dibromuro de etilo (EDB) motivaron en E.U.A. el rechazo de alimentos provenientes de Guatemala durante el año fiscal de 1990 (47). 4. Plaguicidas y nutrición Es importante recordar que una dieta equilibrada contribuye a proteger en una u otra forma al organismo contra los efectos de los productos químicos. La malnutrición puede aumentar la vulnerabilidad de nuestro organismo a diversos contaminantes ambientales. Ciertas carencias dietéticas en aminoácidos, vitaminas y minerales, pueden influir sobre el efecto tóxico de un agente químico. Estas deficiencias pueden alterar el proceso de biotransformación de las sustancias tóxicas mediante la inhibición de las enzimas microsómicas. Las deficiencias cualitativas y cuantitativas de proteínas en la dieta producen una disminución de estas enzimas; lo cual puede tener un efecto adverso en la biotransformación de los xenobióticos, al producirse sustancias más tóxicas que las originales. Se ha demostrado que la toxicidad de varios plaguicidas suministrados por vía oral es mayor en animales mantenidos con dietas deficientes en proteínas. El paratión, por ejemplo, resulta ocho veces más tóxico en ratas bajo dieta de 3,5% de caseína que bajo la normal de 26% (48, 49). Igualmente se ha observado que dietas ricas en proteínas y grasas protegen contra la acción de este plaguicida (50) y que la actividad colinesterásica es mayor en hígado y suero de ratas alimentadas con dietas que contenían mayor cantidad de caseína (51). C. Contaminación ambiental 1. Impacto ambiental Estas propiedades son las que facilitan la contaminación de agua, suelo y aire, unidas a otros factores como los propiciados por el hombre en su afán de dominio de la naturaleza e industrialización, tal como ocurre en las siguientes formas de contaminación: a. Contaminación del agua La contaminación de cursos y masas de agua por plaguicidas ocurre por la descarga de residuos industriales y sobrantes de agua del lavado de equipos, por su aplicación directa al agua, por el desplazamiento de plaguicidas arrastrados por las lluvias hacia los cauces, por las aplicaciones aéreas cercanas a los ríos y lagos, y por el uso indebido de estos productos como instrumentos de pesca, para mencionar sólo las formas más comunes de contaminar las aguas. b. Contaminación del suelo La evaluación del grado de contaminación del suelo por plaguicidas es de particular importancia, debido a la transferencia de estos contaminantes a los alimentos. En el caso de la ganadería, los residuos de plaguicidas organoclorados pasan del suelo al forraje y finalmente son absorbidos por los animales, depositándose en su grasa, aumentando así las concentraciones de residuos en la carne y la leche. c. Contaminación del aire Los plaguicidas que tienen alta tensión de vapor, se volatilizan con facilidad durante la operación o inmediatamente después de ella. La aplicación aérea no controlada puede ocasionar la contaminación del aire de poblados próximos a zonas agrícolas y causar intoxicaciones en las poblaciones expuestas. 2. Experiencias en los países En nuestros países, existen numerosos ejemplos de contaminación de agua, suelo y aire, pudiéndose asegurar que existe una exposición continua y elevada en nuestras comunidades.
Otro problema que se ha presentado en varios países ha sido el almacenamiento incorrecto de los plaguicidas. Lo que más llama la atención es que esta situación se ha dado inclusive en las instituciones estatales encargadas de las campañas de salud pública. Entre los problemas ocasionados por los plaguicidas en la contaminación ambiental no podemos pasar por alto lo referente a la inactivación y destino final de los remanentes y envases de plaguicidas, que en los países de América Latina, generalmente, son inadecuados. 3. Resistencia de las plagas a la aplicación de plaguicidas La aplicación de plaguicidas en forma repetida o en dosis inadecuadas, propicia la selección de individuos de plagas que pueden tolerar dosis más altas que las requeridas para matar a la mayoría de la población. El fenómeno de la resistencia se conoce desde 1911 y se ha incrementado desde 1947 con la introducción y aplicación en gran escala de los plaguicidas sintéticos y ocurre en grupos tan diversos como insectos, ácaros, hongos, plantas y roedores. La resistencia en los artrópodos ha mostrado un incremento notable. En 1965 se registraron 182 cepas resistentes; en 1968, 228; en 1977, 364 y en 1980, 432 (59). En Costa Rica se han detectado plagas que no responden a productos químicos antes efectivos, como el insecto Liriomyza a piretroides, metil paratión y metamidofós; la Phytophtora al metalaxil; la maleza Echinocloa colonum al propanil y el zancudo Aedes aegypti a los organoclorados y organofosforados (52). Ante los problemas de resistencia en las plagas, la tendencia inmediata en el agricultor ha sido la de aumentar la concentración, incrementar la frecuencia de las aplicaciones, o lo que es peor aún, emplear mezclas de varios plaguicidas ("cócteles"). En países del Istmo Centroamericano se llegó a practicar hasta 70 aplicaciones por temporada en el cultivo de algodón con un gasto en plaguicidas que llegó a representar entre 30 y 50% de los costos de producción. Entre los mecanismos por los cuales se genera la resistencia pueden mencionarse el desarrollo de enzimas que biotransforman el plaguicida, modificaciones en el lugar de acción de éste o que hacen más lenta la penetración del mismo.
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