Módulo
3: Participación
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Objetivo
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¿Qué es participación en proyectos?
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Puntos a considerar antes de iniciar procesos participativos
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Promover la participación equitativa de todas las
subculturas locales en el acceso a recursos y toma de decisiones |
Dificultades en lograr la participación
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Uno escucha tanto la utilización de la palabra participación en el campo del desarrollo social. Desde las ONGs más pequeñas hasta el Banco Mundial, todos remarcan la importancia de ser “participativos”, más aún cuando nos relacionamos con otras culturas. En este sentido, es posible afirmar que casi nadie se atrevería a desarrollar un proyecto con poblaciones indígenas sin afirmar que su enfoque de trabajo es participativo. Pero ¿qué significa la participación en un contexto de interculturalidad en los proyectos de agua y saneamiento?
Pero ¿decimos que somos participativos porqué es así “cómo debe hacerse” o porqué nos hace sentir bien en nuestro trabajo?, ¿Vemos la participación cómo un medio o cómo un fin, es una forma de hacer las cosas mejor (más rápido y más barato) o se refuerza que los indígenas orienten y conduzcan su propio desarrollo? Para tener mayor claridad al respecto, deberíamos ubicar nuestras concepciones y prácticas de participación en diferentes tipos. Desde una menor participación de la población hasta un nivel de participación protagónica, central y conductora de su destino.
Teniendo en cuenta esta clasificación conviene reflexionar sobre lo que es posible lograr en nuestros proyectos, ¿cómo reflejar un genuino proceso de participación? Estos tipos se reflejan de diversas maneras, dependiendo de varios factores (por citar algunos, cultura institucional, recursos y tiempo disponibles, objetivos de la fuente donante e interés de los beneficiarios/socios por participar).
Un caso de particular relevancia en los proyectos de agua y saneamiento, es la planificación y ejecución basados en el “enfoque de respuesta a la demanda” ¿Uno puede asumir que está desarrollando un proyecto participativo porque trabaja con enfoque de demanda? La respuesta es que en forma limitada. En la práctica estamos consultando los intereses de la población, pero muchas veces no se están involucrando –interactuando- necesariamente en el desarrollo del mismo. La población toma conocimiento de “nuestra” propuesta externa, pero no participa obligatoriamente de su diseño ni ejecución El enfoque de respuesta a la demanda responde al tipo de participación funcional (tipo 4). Este enfoque postula que la demanda del consumidor de agua debe guiar las decisiones en relación a una obra de agua y saneamiento (tipo de servicio, tecnología, etc.) a partir de que éste cuente con el conocimiento sobre los costos y responsabilidades que cada decisión implica.
No es posible establecer una norma respecto a los tipos de participación válidos siempre. Se debe estar conciente de qué tipo de participación se está eligiendo, buscando ser realista con los objetivos previstos, lograr el máximo de involucramiento de la población que sea viable y ver cuán favorable es el contexto de la institución ejecutora y el ente financiador, así como el medio político y social en que se desarrolla el proyecto. Además un proceso participativo requiere más tiempo y es por lo tanto más costoso. Es prácticamente obligatorio si queremos plantear cambios de hábitos sanitarios así como organizaciones de operación y mantenimiento sostenibles más allá de la vida del proyecto. Un proyecto que sólo desarrollará infraestructura puede limitar la participación al diseño y aprobación de la tecnología. Pero se debe ser claro en que se corren riesgos respecto a la sostenibilidad de los resultados.
a) La institución debe conocer y respetar cuidadosamente el contexto cultural local para ganarse la confianza de la población con sus propuestas:
b) La población debe estar informada sobre el tema a tratar.
c) La comunidad debe estar organizada para poder interactuar con la institución y dar sostenibilidad a la intervención.
d) La institución debe disponer de una tecnología apropiada a la población objetivo (compatible con la cultura y forma de organización local y con el medio ambiente).
En el módulo sobre cultura señalamos que existen subculturas en todo grupo humano (hombres y mujeres, jóvenes y mayores, etc.). Estas subculturas y las interrelaciones de éstas en cuanto a acceso, a poder de decisión y a manejo de recursos también deben considerarse cuando planteamos procesos participativos. En todo grupo humano hay relaciones de poder entre grupos con distintas posiciones. Hay quienes se relacionan mejor “hacia fuera” de la comunidad. Otros hablan menos frente a otros, aún cuando se les pregunte cortésmente. Para una persona “de fuera” estas diferenciaciones, estos subgrupos pueden no ser visibles. Se requiere una observación de los comportamientos de “los y las” participantes en asambleas, reuniones participativas con la comunidad, y entrevistas a los distintos grupos, para conocer a fondo estas diferencias (en muchos casos podemos apoyarnos en estudios antropológicos al respecto disponibles en bibliotecas). Estas diferencias significan distintos niveles de acceso a poder en la toma de decisiones y priorización en el uso de los recursos existentes.
Si queremos lograr que el proyecto sea sostenible más allá de nuestra presencia, debe responder a condiciones sociales y organizativas, medioambientales, técnicas y financieras. De este conjunto, en relación a nuestro tema, se debe remarcar que la sostenibilidad social está marcada por identificar y lograr que se incorporen las demandas e intereses de los distintos subgrupos indígenas a través de su participación directa.
Muchas veces estos subgrupos no son concientes que sus derechos, demandas e intereses sean tomados en cuenta. Un trabajo inicial para lograr una participación equitativa y transparente de estos, por parte del proyecto, implica abrir un espacio de análisis con la comunidad sobre la existencia de diversos intereses y derechos por subgrupos. Este proceso puede ser conflictivo, ya que podemos alterar las relaciones de poder al sacar a la luz distintos intereses (incluyendo los intereses de la propia institución externa).
Es importante, para lograr un proyecto realmente participativo, ir en esa dirección. Pero debemos ser cautos y prever los niveles de conflicto que pueden generar. Si no prevemos y tenemos estrategias que plantear, se corre el peligro de que terminemos enfrentando subgrupos y frustremos intentos de mejoras. En más de un caso podemos llegar a ser “expulsados” por haber generado estas situaciones. La equidad y la transparencia pueden ser conceptos discutibles en términos de valores universales o relativos a una cultura (la cultura “moderna” actual). Sin embargo, si partimos de los marcos globales de las organizaciones internacionales temas como el enfoque de género, el respeto por las minorías, el derecho a la participación de todos los actores se convierten en temas transversales que deben estar presentes en cualquier proyecto orientado a mejora calidad de vida de un grupo humano. De allí la importancia de considerarla en este módulo. Los líderes y la población local Un típico error de los proyectos es no identificar adecuadamente a los líderes locales. Estos pueden ser las autoridades, pero pueden no serlos. Pueden ser otras personas que son líderes informales. Algunas veces nos dejamos llevar por los que más se nos acercan. Los líderes pueden, por ejemplo, ser cabezas de grupos deportivos, o no dar la cara frente a personas “de fuera”. Pueden hablar a través de otros. Es necesario observar en detalle que hay detrás de las palabras o detrás de los silencios, en los gestos, en la capacidad de tomar decisiones inmediatas y en el nivel de reconocimiento que la población da en las conversaciones informales sostenidas durante la planificación, ejecución, seguimiento y evaluación del proyecto. Autoridades y líderes pueden no ser representativos de la población local. Pueden haber logrado esos roles por razones de parentesco, por conocimiento de las autoridades políticas del Estado en el nivel local o simplemente por manejar el español. Muchas veces existen líderes informales que no se presentan a simple vista. Se requiere un mejor conocimiento de cómo interactúan los subgrupos al interior de la comunidad con la cual estamos trabajando, incluyendo su interés en negociar o mantener posiciones irreconciliables (por ejemplo, por viejas disputas entre familias). Al realizar el trabajo de campo para identificar los subgrupos, uno debe preguntarse y observar cuán representados están los subgrupos por estas personas que se presentan como autoridades o líderes naturales. Sólo una vez que hayamos contrastado lo que dicen con lo recogido en nuestras entrevistas y observaciones, podremos saber si estamos tratando con los interlocutores correctos.
Debemos reconocer que todo grupo humano es una organización social compleja con diversos intereses que no se comunican transparentemente. Es muy importante utilizar más de una persona como fuente para conocer el mapa de relaciones y las personas que son los verdaderos líderes en una comunidad. Debemos realizar entrevistas a personas de distintos subgrupos y participar, en lo posible, en asambleas donde observemos quiénes hablan, qué dicen y cómo son respondidos por otros. Una fuente complementaria importante son las conversaciones informales que uno puede escuchar casualmente.
Una ventaja para estos procesos de investigación es el manejo del idioma local. Por ello de ser factible se debe contar con personas que lo manejen y puedan captar mucha información que circula informalmente en cualquier reunión o en las ferias locales. La información sobre quiénes son los líderes no la obtendremos, sólo mediante preguntas directas. Debemos plantear preguntas más indirectas en relación a nuestro tema de interés (identificar los verdaderos líderes) como: ¿qué grupos familiares hay en la comunidad?, ¿qué piensa del señor “X” (un líder local, una autoridad, etc.)?, ¿usted está de acuerdo con lo que piensan tales personas?, ¿por qué piensa que no le hacen caso al presidente? etc.
Un proceso participativo parece ser mucho más complejo que ir y hablar, estar allí y “participar”. Desde por lo menos la década de 1970 muchas instituciones han intentado trabajar bajo un enfoque participativo. Algunos errores significativos son: 5.1. No planificamos en detalle nuestra estrategia de participación: el proceso de participación requiere una planificación detallada que incluye cuatro pasos en la planificación:
La planificación no es sólo la organización de acciones o tareas y la determinación de productos en un cronograma (llamado a veces Diagrama de Gantt). Deben considerarse los procesos que se desarrollarán en cada paso y las estrategias para manejarlos. Los riesgos y potencialidades del desarrollo de cada paso son fundamentales, pues estamos interviniendo en una realidad compleja y no siempre bien conocida en términos de mapa de relaciones e intereses. 5.2. No confiamos realmente en la comunidad: nosotros tenemos que conducir el proceso de ejecución por desconfianza hacia la comunidad. Tenemos en realidad el temor de perder el control del proceso, muchas veces justificado bajo el discurso paternalista de que “ellos no están preparados”. En lugar de ello deberíamos aplicar la frase “no haga nada por las personas, si lo pueden hacer ellos”. 5.3. No establecemos un balance entre los beneficios inmediatos para la población de acuerdo a sus necesidades y los beneficios de mediano plazo que se darán: las poblaciones indígenas aceptan nuestras prioridades por no perder los servicios ofrecidos, pero sin tener un interés de primer orden. Así una vez obtenido el producto de nuestra intervención, dejan de participar en las estructuras institucionales de gestión que requería para continuar. Cuando formulamos un proyecto debemos hacer los máximos esfuerzos para contar con beneficios inmediatos para la población, articulados a los de largo plazo. La determinación de los objetivos y productos tangibles de corto y mediano plazo deben ser discutidos con la comunidad para que haya mejores condiciones para una valoración de ambos por la población. Así el involucramiento de la población debería generar estructuras institucionales más sólidas para la sostenibilidad de los resultados iniciales. 5.4. Asumimos que aplicar técnicas participativas es sinónimo de ser participativos: en las dos últimas décadas en particular se han desarrollado técnicas con uso de herramientas visuales en los Diagnósticos Rurales Participativos (DRP, PRA, SRP, etc.). Pero el hecho de aplicar técnicas que hacen participar a las personas, no significa que las involucremos en la gestión del proyecto. La participación no puede ser sinónimo de hacer entrevistas, de que la gente discuta en trabajos de grupo. Ese es un paso adelante en recoger las percepciones y el conocimiento de ellos y ellas pero no lo es si no hay un involucramiento en la gestión y distribución de los beneficios de un proyecto o iniciativa. No se trata de “hacerlos
participar en nuestro proyecto” sino de que trabajemos juntos bajo
un enfoque de mutuo aprendizaje (tal como sostenemos al definir la interculturalidad). |
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