Módulo 3: Participación

Objetivo | ¿Qué es participación en proyectos? | Puntos a considerar antes de iniciar procesos participativos | Promover la participación equitativa de todas las subculturas locales en el acceso a recursos y toma de decisiones | Dificultades en lograr la participación

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1. Objetivo:
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  • Reconocer la existencia de diversas formas y grados de participación de la población y contar con criterios para seleccionar estrategias apropiadas en el desarrollo de un proyecto.
2. ¿Qué es participación en proyectos?
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Uno escucha tanto la utilización de la palabra participación en el campo del desarrollo social. Desde las ONGs más pequeñas hasta el Banco Mundial, todos remarcan la importancia de ser “participativos”, más aún cuando nos relacionamos con otras culturas. En este sentido, es posible afirmar que casi nadie se atrevería a desarrollar un proyecto con poblaciones indígenas sin afirmar que su enfoque de trabajo es participativo. Pero ¿qué significa la participación en un contexto de interculturalidad en los proyectos de agua y saneamiento?


La participación es un componente permanente durante todo el proceso de gestión de un proyecto (desde el diseño, la planificación, la ejecución, el seguimiento y hasta su evaluación). Se caracteriza por una interacción o comunicación mutua de los indígenas con el personal del proyecto.

Ambos asumen las funciones de escuchar y reflexionar sobre los puntos de vista del otro, para complementarse y lograr lo mejor de ambos. Es un proceso de diálogo, negociación y acuerdos continuos orientados a fortalecer las capacidades de la población para desarrollarse por si mismos. Por un lado, por fines prácticos en relación a la eficiencia y sostenibilidad de una intervención como, por ejemplo, los sistemas de agua y saneamiento. Por otro lado, en muchos casos, en poblaciones indígenas en particular, puede favorecer una mejor inserción de estos grupos en la sociedad mayor, en tanto su inserción parte de capacidades de gestión más sólidas y mejor posición para negociar su inserción (si es de su interés la inserción en la sociedad mayor).

Entonces el enfoque participativo puede definirse como aquel en el que los grupos indígenas (hombres, mujeres, jóvenes, autoridades, etc.) influencian y llegan a controlar las iniciativas de desarrollo, las decisiones y recursos que los afectan.

Pero ¿decimos que somos participativos porqué es así “cómo debe hacerse” o porqué nos hace sentir bien en nuestro trabajo?, ¿Vemos la participación cómo un medio o cómo un fin, es una forma de hacer las cosas mejor (más rápido y más barato) o se refuerza que los indígenas orienten y conduzcan su propio desarrollo?

Para tener mayor claridad al respecto, deberíamos ubicar nuestras concepciones y prácticas de participación en diferentes tipos. Desde una menor participación de la población hasta un nivel de participación protagónica, central y conductora de su destino.

a)
Información a la población sobre el proyecto a ejecutar: la institución ejecutora presenta a la población el proyecto propuesto, pero no le permite participar de ninguna manera en la orientación del proyecto.
b)
Consulta a la población: los indígenas, hombres y mujeres, son entrevistados en forma grupal o individual, pero no participan en el análisis de los resultados de la consulta (ni siquiera en el diseño de las preguntas). No hay obligación de la institución ejecutora de compartir los resultados de la consulta.
c)
Participación por incentivos materiales: los indígenas sólo reciben alimentos o materiales. En estos casos lo común es que no exista interés en la sostenibilidad de la obra o actividad, sino en continuar recibiendo el incentivo.
d)
Participación funcional: la institución externa promueve la participación de la población para alcanzar los objetivos del proyecto, sin involucrarlos en las decisiones. Esta institución decide cuándo y cómo participan, sea con mano de obra, con conocimientos u otros medios.
e)
Participación interactiva: la población participa desde el diagnóstico, así como en el diseño y ejecución del proyecto, planificando y desarrollando la propuesta, junto con el equipo externo.
f)
La población determina, con el personal del proyecto, el uso de los recursos del mismo (bienes, presupuesto y personal) y establece cuáles son sus aportes materiales y en efectivo. Los aportes son el compromiso de la población que demuestra el interés de ésta por el proyecto.
g)
Población conduce por si sola sus proyectos de desarrollo (empoderamiento local): la población toma iniciativas propias, producto del desarrollo de capacidades y destrezas de gestión. Formula sus propios proyectos y se relaciona con instituciones externas para la obtención de recursos y asesoría técnica, pero retienen el control sobre el uso de los recursos.

Teniendo en cuenta esta clasificación conviene reflexionar sobre lo que es posible lograr en nuestros proyectos, ¿cómo reflejar un genuino proceso de participación? Estos tipos se reflejan de diversas maneras, dependiendo de varios factores (por citar algunos, cultura institucional, recursos y tiempo disponibles, objetivos de la fuente donante e interés de los beneficiarios/socios por participar).

Por ejemplo, en un proyecto relacionado con gestión de tarifas de agua, se alcanzará generalmente hasta el nivel de interactividad, mientras que en un proyecto de desarrollo de capacidades de Juntas de Operación y Mantenimiento, es válido aspirar a que la población conduzca por sí sola su proyecto.

Un caso de particular relevancia en los proyectos de agua y saneamiento, es la planificación y ejecución basados en el “enfoque de respuesta a la demanda” ¿Uno puede asumir que está desarrollando un proyecto participativo porque trabaja con enfoque de demanda? La respuesta es que en forma limitada. En la práctica estamos consultando los intereses de la población, pero muchas veces no se están involucrando –interactuando- necesariamente en el desarrollo del mismo. La población toma conocimiento de “nuestra” propuesta externa, pero no participa obligatoriamente de su diseño ni ejecución

El enfoque de respuesta a la demanda responde al tipo de participación funcional (tipo 4). Este enfoque postula que la demanda del consumidor de agua debe guiar las decisiones en relación a una obra de agua y saneamiento (tipo de servicio, tecnología, etc.) a partir de que éste cuente con el conocimiento sobre los costos y responsabilidades que cada decisión implica.


Hay poblaciones que tienen un patrón de vida, una forma de organizarse, disperso. En la práctica cada familia está separada de las demás y el nivel de trabajo conjunto es casi nulo. En estos casos, no podemos imponer la obligación de trabajar conjuntamente.

Se deberá concentrar el trabajo en temas de promoción de educación sanitaria, de difusión de conocimientos y prácticas antes que imponer formas organizativas como trabajos comunales para instalar sistemas de agua y saneamiento, que serán desarrollados sólo para satisfacer al proyecto y no "perder la oferta de ayuda".

No es posible establecer una norma respecto a los tipos de participación válidos siempre. Se debe estar conciente de qué tipo de participación se está eligiendo, buscando ser realista con los objetivos previstos, lograr el máximo de involucramiento de la población que sea viable y ver cuán favorable es el contexto de la institución ejecutora y el ente financiador, así como el medio político y social en que se desarrolla el proyecto.

Además un proceso participativo requiere más tiempo y es por lo tanto más costoso. Es prácticamente obligatorio si queremos plantear cambios de hábitos sanitarios así como organizaciones de operación y mantenimiento sostenibles más allá de la vida del proyecto. Un proyecto que sólo desarrollará infraestructura puede limitar la participación al diseño y aprobación de la tecnología. Pero se debe ser claro en que se corren riesgos respecto a la sostenibilidad de los resultados.

Un proyecto del área andina (Proyecto PROPILAS COSUDE/Banco Mundial/CARE), estableció que la participación de la población implica un costo superior de 20 a 30% con respecto a un modelo sin participación orientado sólo a infraestructura, pero a su vez considera que se justifica por los resultados en cuanto a sostenibilidad del servicio y desarrollo de capacidades de la población.

Como señalábamos arriba, a veces la institución ejecutora, especialmente en sus directivos, no tiene una actitud de valorar la participación de la población y lo convertirá en una formalidad. En estos casos es mejor no continuar en este enfoque, porque la participación no se va a dar y más bien se va a decir luego que fue “por gusto”. En realidad se aplicó mecánicamente y no fue efectiva.

Primero debemos trabajar internamente en la institución para lograr que haya un clima institucional favorable a la participación y recién entonces plantear una intervención bajo este enfoque.

3. Puntos a considerar antes de iniciar procesos participativos
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a) La institución debe conocer y respetar cuidadosamente el contexto cultural local para ganarse la confianza de la población con sus propuestas:

  • Conocer las reglas de comportamiento.
  • Conocer las instituciones locales.
  • Manejar la cosmovisión local (incluyendo valores) alrededor del agua, higiene, saneamiento, etc.
  • Utilizar las diversas formas de comunicación verbal (lengua local), no verbal (gestos) y paraverbal (tono y volumen de la voz) para poder llegar a todos los grupos indígenas (en especial las mujeres y las personas mayores), aunque sea mediante traductores.
La participación no puede ser sólo una actitud de apertura, de buena voluntad. Las poblaciones indígenas por razones históricas de engaño, en muchas ocasiones, son desconfiadas. Ponen a prueba nuestras actitudes y normas. Por ello, sólo con un profundo conocimiento de sus reglas, instituciones, etc. podremos actuar de acuerdo a lo esperado por ellos. Recién entonces sentirán que están hablando con gente que los “conoce”.

b) La población debe estar informada sobre el tema a tratar.

No es suficiente que los dirigentes sepan o que se convoque a una asamblea, deben asegurarse los medios complementarios de difusión considerando los patrones culturales locales: medios de comunicación como afiches, radios, presentaciones a grupos menores, etc.

c) La comunidad debe estar organizada para poder interactuar con la institución y dar sostenibilidad a la intervención.

Para saber si una comunidad está organizada, debemos conocer las formas de organización local, pero mirar más allá. ¿Cuál es la vigencia y legitimidad de la organización. Muchas veces la autoridad no tiene peso real o las asambleas sólo se convocan cuando alguien viene a ofrecer algo.

d) La institución debe disponer de una tecnología apropiada a la población objetivo (compatible con la cultura y forma de organización local y con el medio ambiente).

4. Promover la participación equitativa de todas las subculturas locales en el acceso a recursos y toma de decisiones
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En el módulo sobre cultura señalamos que existen subculturas en todo grupo humano (hombres y mujeres, jóvenes y mayores, etc.). Estas subculturas y las interrelaciones de éstas en cuanto a acceso, a poder de decisión y a manejo de recursos también deben considerarse cuando planteamos procesos participativos.

En todo grupo humano hay relaciones de poder entre grupos con distintas posiciones. Hay quienes se relacionan mejor “hacia fuera” de la comunidad. Otros hablan menos frente a otros, aún cuando se les pregunte cortésmente. Para una persona “de fuera” estas diferenciaciones, estos subgrupos pueden no ser visibles.

Se requiere una observación de los comportamientos de “los y las” participantes en asambleas, reuniones participativas con la comunidad, y entrevistas a los distintos grupos, para conocer a fondo estas diferencias (en muchos casos podemos apoyarnos en estudios antropológicos al respecto disponibles en bibliotecas). Estas diferencias significan distintos niveles de acceso a poder en la toma de decisiones y priorización en el uso de los recursos existentes.

Las mujeres tienden a permanecer calladas o hablar en voz baja delante de los hombres en muchos grupos indígenas.

Los jóvenes en los grupos indígenas más tradicionales no contradicen a los mayores por respeto.

Si queremos lograr que el proyecto sea sostenible más allá de nuestra presencia, debe responder a condiciones sociales y organizativas, medioambientales, técnicas y financieras. De este conjunto, en relación a nuestro tema, se debe remarcar que la sostenibilidad social está marcada por identificar y lograr que se incorporen las demandas e intereses de los distintos subgrupos indígenas a través de su participación directa.

En muchos lugares las mujeres son analfabetas y los hombres no (o al menos en menor grado). Si queremos llegar equitativamente, debemos preparar la capacitación para poblaciones analfabetas y asegurar que haya condiciones para que las mujeres asistan a estas capacitaciones (o se den capacitaciones diferenciadas).

Muchas veces estos subgrupos no son concientes que sus derechos, demandas e intereses sean tomados en cuenta. Un trabajo inicial para lograr una participación equitativa y transparente de estos, por parte del proyecto, implica abrir un espacio de análisis con la comunidad sobre la existencia de diversos intereses y derechos por subgrupos. Este proceso puede ser conflictivo, ya que podemos alterar las relaciones de poder al sacar a la luz distintos intereses (incluyendo los intereses de la propia institución externa).

La actitud de muchos hombres es de resistencia a la participación explicita de las mujeres en la gestión de proyectos y de esta manera demandas respecto a usos del agua pueden ser obviados.

De igual manera los jóvenes pueden tener demandas de capacitación no consideradas por los adultos y que requieren de la participación directa del subgrupo de jóvenes. Esto puede “culturalmente” estar vedado y el proyecto debe promover, con astucia, la apertura para su incorporación como grupo con voz y decisión.

Es importante, para lograr un proyecto realmente participativo, ir en esa dirección. Pero debemos ser cautos y prever los niveles de conflicto que pueden generar. Si no prevemos y tenemos estrategias que plantear, se corre el peligro de que terminemos enfrentando subgrupos y frustremos intentos de mejoras. En más de un caso podemos llegar a ser “expulsados” por haber generado estas situaciones.

La equidad y la transparencia pueden ser conceptos discutibles en términos de valores universales o relativos a una cultura (la cultura “moderna” actual). Sin embargo, si partimos de los marcos globales de las organizaciones internacionales temas como el enfoque de género, el respeto por las minorías, el derecho a la participación de todos los actores se convierten en temas transversales que deben estar presentes en cualquier proyecto orientado a mejora calidad de vida de un grupo humano. De allí la importancia de considerarla en este módulo.

Los líderes y la población local

Un típico error de los proyectos es no identificar adecuadamente a los líderes locales. Estos pueden ser las autoridades, pero pueden no serlos. Pueden ser otras personas que son líderes informales. Algunas veces nos dejamos llevar por los que más se nos acercan. Los líderes pueden, por ejemplo, ser cabezas de grupos deportivos, o no dar la cara frente a personas “de fuera”. Pueden hablar a través de otros. Es necesario observar en detalle que hay detrás de las palabras o detrás de los silencios, en los gestos, en la capacidad de tomar decisiones inmediatas y en el nivel de reconocimiento que la población da en las conversaciones informales sostenidas durante la planificación, ejecución, seguimiento y evaluación del proyecto.

Autoridades y líderes pueden no ser representativos de la población local. Pueden haber logrado esos roles por razones de parentesco, por conocimiento de las autoridades políticas del Estado en el nivel local o simplemente por manejar el español.

Muchas veces existen líderes informales que no se presentan a simple vista. Se requiere un mejor conocimiento de cómo interactúan los subgrupos al interior de la comunidad con la cual estamos trabajando, incluyendo su interés en negociar o mantener posiciones irreconciliables (por ejemplo, por viejas disputas entre familias).

Al realizar el trabajo de campo para identificar los subgrupos, uno debe preguntarse y observar cuán representados están los subgrupos por estas personas que se presentan como autoridades o líderes naturales. Sólo una vez que hayamos contrastado lo que dicen con lo recogido en nuestras entrevistas y observaciones, podremos saber si estamos tratando con los interlocutores correctos.

Cuando existe una organización política del Estado (provincia, distrito, cantón, parroquia, etc.) y formas tradicionales (autoridades comunales, concejo de ancianos, etc.) existe una dualidad de cargos que pueden haber sido resueltos por la propia población (subordinando uno al otro), pero la contradicción y competencia por saber quién “manda” puede estar presente ya que uno tiene la autoridad “histórica” y el otra la entregada por el Estado.

En caso de presencia de poblaciones colonas e indígenas estos casos pueden ser más complejos de manejar por los equipos de los proyectos.

Debemos reconocer que todo grupo humano es una organización social compleja con diversos intereses que no se comunican transparentemente. Es muy importante utilizar más de una persona como fuente para conocer el mapa de relaciones y las personas que son los verdaderos líderes en una comunidad. Debemos realizar entrevistas a personas de distintos subgrupos y participar, en lo posible, en asambleas donde observemos quiénes hablan, qué dicen y cómo son respondidos por otros. Una fuente complementaria importante son las conversaciones informales que uno puede escuchar casualmente.

Una ventaja para estos procesos de investigación es el manejo del idioma local. Por ello de ser factible se debe contar con personas que lo manejen y puedan captar mucha información que circula informalmente en cualquier reunión o en las ferias locales.

La información sobre quiénes son los líderes no la obtendremos, sólo mediante preguntas directas. Debemos plantear preguntas más indirectas en relación a nuestro tema de interés (identificar los verdaderos líderes) como: ¿qué grupos familiares hay en la comunidad?, ¿qué piensa del señor “X” (un líder local, una autoridad, etc.)?, ¿usted está de acuerdo con lo que piensan tales personas?, ¿por qué piensa que no le hacen caso al presidente? etc.

5. Dificultades en lograr la participación
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Un proceso participativo parece ser mucho más complejo que ir y hablar, estar allí y “participar”. Desde por lo menos la década de 1970 muchas instituciones han intentado trabajar bajo un enfoque participativo.

Algunos errores significativos son:

5.1. No planificamos en detalle nuestra estrategia de participación: el proceso de participación requiere una planificación detallada que incluye cuatro pasos en la planificación:

  • Identificación de subgrupos: categorías de subgrupos, nivel de conflicto en relaciones entre subgrupos, reconocimiento de estos por la propia población.

  • Diagnóstico de demandas: intereses y preocupaciones de cada subgrupo.

  • Presentación de objetivos del proyecto a la comunidad.

  • Formulación de la estrategia de sostenibilidad.

La planificación no es sólo la organización de acciones o tareas y la determinación de productos en un cronograma (llamado a veces Diagrama de Gantt). Deben considerarse los procesos que se desarrollarán en cada paso y las estrategias para manejarlos. Los riesgos y potencialidades del desarrollo de cada paso son fundamentales, pues estamos interviniendo en una realidad compleja y no siempre bien conocida en términos de mapa de relaciones e intereses.

5.2. No confiamos realmente en la comunidad: nosotros tenemos que conducir el proceso de ejecución por desconfianza hacia la comunidad. Tenemos en realidad el temor de perder el control del proceso, muchas veces justificado bajo el discurso paternalista de que “ellos no están preparados”.

En lugar de ello deberíamos aplicar la frase “no haga nada por las personas, si lo pueden hacer ellos”.

5.3. No establecemos un balance entre los beneficios inmediatos para la población de acuerdo a sus necesidades y los beneficios de mediano plazo que se darán: las poblaciones indígenas aceptan nuestras prioridades por no perder los servicios ofrecidos, pero sin tener un interés de primer orden. Así una vez obtenido el producto de nuestra intervención, dejan de participar en las estructuras institucionales de gestión que requería para continuar.

Cuando formulamos un proyecto debemos hacer los máximos esfuerzos para contar con beneficios inmediatos para la población, articulados a los de largo plazo. La determinación de los objetivos y productos tangibles de corto y mediano plazo deben ser discutidos con la comunidad para que haya mejores condiciones para una valoración de ambos por la población. Así el involucramiento de la población debería generar estructuras institucionales más sólidas para la sostenibilidad de los resultados iniciales.

5.4. Asumimos que aplicar técnicas participativas es sinónimo de ser participativos: en las dos últimas décadas en particular se han desarrollado técnicas con uso de herramientas visuales en los Diagnósticos Rurales Participativos (DRP, PRA, SRP, etc.). Pero el hecho de aplicar técnicas que hacen participar a las personas, no significa que las involucremos en la gestión del proyecto.

La participación no puede ser sinónimo de hacer entrevistas, de que la gente discuta en trabajos de grupo. Ese es un paso adelante en recoger las percepciones y el conocimiento de ellos y ellas pero no lo es si no hay un involucramiento en la gestión y distribución de los beneficios de un proyecto o iniciativa.

No se trata de “hacerlos participar en nuestro proyecto” sino de que trabajemos juntos bajo un enfoque de mutuo aprendizaje (tal como sostenemos al definir la interculturalidad).

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